lunes, 28 de marzo de 2011

Organización territorial del estado español. Introducción y Autonomías



1. Introducción.

A la hora de emprender el estudio de la organización del territorio en España, es importante no confundir este fenómeno con el debate sobre las distintas identidades nacionales que pululan por estos lares, y acerca de si España es una nación o una suma de ellas. Es preciso no confundir la descentralización administrativa con el debate nacional; están relacionados, pero no son lo mismo. España intenta conformarse como estado-nación en el Siglo XIX, lo que ocurre es que lo hace con escaso éxito: a la par, surgen los nacionalismos catalán, vasco o gallego, con mayor o menor éxito, fabricándose, por ejemplo, Cataluña una identidad nacional más cohesionada que la del resto del estado. Lo que si se hace es una primera división en provincias del territorio español, en 1833 por Javier de Burgos, que ha llegado, con el añadido de la división de Canarias en 1927, hasta nuestros días. Sin embargo, ésta no trataba de descentralizar la administración, sino de lograr a través de los gobernadores civiles, que el poder de los gobiernos llegarán hasta el último rincón del país. Se sienta así un modelo centralista, copiado de Francia, en el que los antiguos poderes feudales desaparecen, los municipios tendrán poco peso y las regiones y “nacionalidades” en formación, ninguno.
Ya en los años 30 del siglo XX, la II República, a través de su Constitución, dejó abierta la posibilidad de crear autonomías. España seguiría siendo un “Estado integral”, aunque compatible con la autonomía de los Municipios y las Regiones. La derrota republicana en la Guerra Civil trajo consigo, entre otras muchas cosas, la abolición de las autonomías de Cataluña y Euskadi y el fin de los proyectos de autonomía para Galicia y Andalucía.
Actualmente, se dice que España es la España de las Autonomías, organizándose el territorio español en 17  comunidades autónomas y dos ciudades autónomas (Ceuta y Melilla), 50 provincias y 8.116 municipios. Cada provincia se divide en varios Partidos Judiciales a los que pueden pertenecer varios municipios
Las diecisiete autonomías, y sus provincias, son:
Andalucía: Almería, Cádiz, Córdoba, Granada, Huelva, Jaén, Málaga, Sevilla
Aragón: Huesca, Teruel, Zaragoza
Asturias: Oviedo
Baleares: Palma de Mallorca
Canarias: Santa Cruz de Tenerife, Las Palmas de Gran Canaria
Cantabria: Santander
Castilla-La Mancha: Albacete, Ciudad Real, Cuenca, Guadalajara, Toledo
Castilla y León: Ávila, Burgos, León, Salamanca, Segovia, Soria, Valladolid, Zamora
Cataluña: Barcelona, Gerona, Lérida, Tarragona
Comunidad Valenciana: Alicante, Castellón de la Plana, Valencia
Extremadura: Badajoz, Cáceres
Galicia: La Coruña, Lugo, Orense, Pontevedra
Madrid
Murcia
Navarra: Pamplona
País Vasco: Bilbao, San Sebastián, Vitoria
La Rioja: Logroño
La organización territorial de España está basada en el artículo 2 de la Constitución de 1978, que declara la unidad indisoluble de la nación española, pero permite el derecho de autonomía de las nacionalidades y regiones que la integran. Este punto se desarrolla en el Título VIII de la Constitución cuyo artículo 137 dice: “El Estado se organiza territorialmente en municipios, en provincias y en las Comunidades Autónomas que se constituyan. Todas estas entidades gozan de autonomía para la gestión de sus respectivos intereses.” Se dispone, así, un nuevo tipo de organización que descentraliza el estado, pero no ha conseguido erradicar las diferencias regionales como veremos más adelante.

2. Las Autonomías:

Jurídicamente, las CCAA son entes públicos territoriales con facultades de autogobierno y autonomía legislativa. Cada comunidad tiene su propia capital y una estructura política basada en una Asamblea Legislativa Unicameral elegida mediante sufragio universal.
Los principios del modelo autonómico, aún vigente, son:
-Indivisibilidad de la nación española y afirmación de su soberanía: En este punto, la Constitución es muy clara. Además, la unidad de mercado no se pone en cuestión nunca, así como la igualdad en derechos y obligaciones de todos los españoles en cualquier parte del territorio nacional.
-Autonomía política: Las Comunidades autónomas tienen potestades legislativas y plena capacidad de decisión dentro de sus competencias y territorio.
-Autonomía financiera: los entes territoriales dispondrán de los medios suficientes para el desempeño de las funciones que la ley les atribuye y se nutren de tributos propios y de su participación en tributos del Estado y de las Comunidades Autónomas.
La Constitución establece dos tipos de autonomías:
Autonomías reguladas por el artículo 143 de la Constitución.
Autonomías reguladas por el artículo 151 (Galicia, Euskadi, Cataluña y Andalucía) Cuentan con todas las competencias que no se reservan al Estado.
Las competencias de las CCAA no están delimitadas directamente en la Constitución. Lo que ésta hace es enumerar, en el artículo 149.1, las competencias propias del estado y encomendar a sus respectivos Estatutos que competencias acoge cada Autonomía. Esto derivó en una franca diferencia entre los dos tipos de autonomías arriba mencionados. Las segundas desarrollaron un abanico de competencias más amplío que las primeras.
En general, el estado se reserva los asuntos de defensa, relaciones exteriores, gestión de la seguridad social, justicia, emigración, puertos, ferrocarriles, etc. mientras que quedan en manos de las CCAA la ordenación del territorio, el urbanismo, educación, sanidad, etc. Hay otras que están compartidas, como las comunicaciones (carreteras) o las obras públicas. Así, por ejemplo, las autopistas quedan bajo la gestión del Ministerio de Fomento, mientras que otras carreteras de segundo orden quedan bajo la responsabilidad de las autonomías o las Diputaciones Provinciales.
La financiación de las CCAA debe responder tanto a las necesidades presupuestarias derivadas de sus competencias como de la lógica igualdad de todos los ciudadanos a la hora de acceder a los servicios básicos. Para ello se creó el Fondo de Suficiencia Global, cuya misión es garantizar la financiación de todas las competencias que han sido transferidas a las CCAA y el Fondo de Garantía de Servicios Fundamentales, que se nutre de los Presupuestos Generales del Estado y que tiene como objetivo compensar las desigualdades entre las autonomías.
Existen dos tipos de régimen de financiación: el Común y el Foral.
El Régimen Común, establecido por la Ley Orgánica de Financiación de las Comunidades Autónomas (LOFCA), afecta a la mayor parte de las autonomías y se basa en las aportaciones de los Presupuestos Generales del Estado (PGE) a las CCAA y en la corresponsabilidad fiscal (principio que se implantó en 1997 y ha sido reformado desde entonces; la última vez fue en 2009) por la cual las CCAA obtienen un porcentaje de impuestos como el IRPF, el IVA (50% en ambos casos) o  los Impuestos Especiales (58%)
El Régimen Foral es exclusivo de Navarra y el País Vasco y consiste en la autonomía de ambos territorios para cobrar y gestionar los impuestos (exceptuando los tributos a la importación y exportación y poco más) a cambio de devolver una cantidad de lo cobrado al Estado español, en concepto de pago por los servicios prestados por el gobierno central en dichos territorios. Esta cantidad se negocia cada cierto tiempo y se denomina Cupo, en el caso vasco y Aportación en el navarro.
La coordinación entre las distintas Administraciones Públicas se dispone a través de la Secretaría de Estado para las Administraciones Territoriales dependiente del Ministerio para las Administraciones Públicas. También existe la figura del Delegado del Gobierno, que dirige la Administración del Estado en cada comunidad autónoma, y la coordina con la administración propia de cada comunidad. Finalmente, en los últimos años, se ha intentado convertir al Senado en una cámara territorial que discuta temas que afectan a las CCAA,  a semejanza del Bundesrat alemán.
La gestión de las  CCAA es controlada por:
·         el Tribunal Constitucional, en lo que se refiere a la constitucionalidad de las leyes.
·         el Gobierno en relación con las competencias transferidas o delegadas.
·         la Jurisdicción Contencioso-Administrativa, en lo relativo a la administración autónoma y sus normas reglamentarias.
·         el Tribunal de Cuentas, para los asuntos económicos y presupuestarios.
Las instituciones fundamentales de las CCAA son:
·         Asamblea Legislativa o Parlamento Autonómico, elegido por sufragio universal. Tiene una organización similar a las Cortes, con un Presidente elegido por la Asamblea en Pleno. Elige al Presidente de la Comunidad Autónoma y a los senadores que la representan y controla al Presidente y al Consejo de Gobierno.
·         Consejo de Gobierno, elegido según señala cada Estatuto de Autonomía y que posee las funciones ejecutivas y administrativas y responde políticamente ante la Asamblea.
Está dirigido por el/la
Presidente/a , que dirige la acción del Gobierno en el ámbito de su Comunidad y es la representación suprema de la Comunidad Autónoma. En Andalucía, se denomina Junta de Andalucía.
·         Tribunal de Justicia. El Tribunal Superior de Justicia no es un órgano propio de las CCAA, sino un órgano del poder judicial radicado en el territorio de la Comunidad Autónoma respectiva.
·         Defensor del Pueblo

miércoles, 23 de marzo de 2011

Apuntes tema Ciudad (ultimo punto)


5. Problemas Urbanos y Soluciones. La Planificación Urbanística.
Las primeras reformas urbanas significativas, destinadas a solucionar los problemas que la industrialización traía a zonas como Madrid, el País Vasco o Cataluña, arrancan en el siglo XIX, siglo en el que se desarrollan dos tipos de actuación:
a)La remodelación de la trama urbana a través de los ensanches.
b)La ejecución de obras públicas destinadas a crear o mejorar las infraestructuras viarias (ferrocarril y carreteras), construir cementerios, mataderos públicos y viviendas, acometidas de aguas, saneamiento, pavimentación de calles, etc.
En el siglo XX, fundamentalmente, a partir de la mitad del siglo, surgen graves problemas de chabolismo vinculados a la emigración del campo a la ciudad y a la consiguiente falta de viviendas. Los barrios de chabolas se asentaban en terrenos rústicos parcelados ilegalmente, aunque luego fueron absorbidos por la ciudad, y se componían de viviendas construidas con materiales de mala calidad. Ejemplos de estos barrios son el Pozo del Tío Raimundo en Madrid  y el Campo de la Bota en Barcelona.
El régimen franquista, creó en 1957 el  Ministerio de la Vivienda e intentó impulsar la construcción de viviendas mediante el impulso de las viviendas de protección oficial y la promoción de la autoconstrucción y las cooperativas. La mayor parte de los polígonos residenciales de la época se construyeron con estos formatos. Estos eran barrios formados por bloques exentos de gran altura, lo que daba lugar a una alta densidad, ubicados en las periferias o extrarradios urbanos,  en zonas, por tanto, carentes de equipamientos sociales como colegios o centros de salud y a un tipo de vivienda, pequeña y de escasa calidad.
A partir de los años 80, con la democratización de los Ayuntamientos, comienza una transformación de las ciudades que, en los centros históricos, primará la rehabilitación y puesta en valor del patrimonio, frente a la destrucción y sustitución de éste, como se hizo en los 60 y que, en los barrios de la periferia, emprenderá una política de ejecución de infraestructuras y equipamientos.
Desde los años 90, han aparecido dos fenómenos que, obviamente, están entrelazados; por un lado, la preponderancia del mercado (o sea, de los promotores privados) en la producción del suelo urbano y, por otro, la extensión del modelo de ciudad difusa y la degradación de los barrios residenciales de la era industrial.
Los problemas urbanos actuales son, a grosso modo, los siguientes:
-La contaminación atmosférica
-La gestión y eliminación de los residuos urbanos
-La contaminación acústica
-La congestión del tráfico rodado
-La segregación social del espacio urbano
-La especulación del suelo y la consiguiente subida del precio de la vivienda
-El déficit de equipamientos
La solución a los problemas urbanos pasan por la planificación urbanística. En España, es competencia (y obligación) de los ayuntamientos planificar el crecimiento urbano, distribuyendo los usos del suelo en espacios separados dentro de la ciudad. Los ayuntamientos, por ley, deberán elaborar un PGOU (Plan General de Ordenación Urbana), que es el instrumento básico de ordenación de la ciudad, a través del cual se clasifica el suelo en las siguientes categorías:
  • Suelo Urbano: dividido en consolidado (considerado como edificable) o no consolidado (aquel en el que hay que construir todavía la red viaria, por ejemplo).
  • Suelo Urbanizable: delimitado (suelo cuya urbanización ha sido aprobada y está prevista su ejecución) o no delimitado.
  • Suelo no Urbanizable: (genérico, de infraestructuras, de costas, de especial protección, etc.)
Aparte de los PGOU, existen otros tipos de legislación de carácter autonómico como la Ley de Ordenación Urbanística de Andalucía o planes de carácter intermunicipal como los planes de ordenación de las Aglomeraciones Urbanas.
Otro tipo de actuaciones son la elaboración de las Agendas 21 o la puesta en marcha de Presupuestos Participativos.

lunes, 14 de marzo de 2011

Apuntes del Tema de Ciudad. Los sistemas urbanos


4. Las Redes Urbanas. El Sistema Urbano español y andaluz.

Se entiende por sistema urbano a un conjunto de ciudades que mantienen relaciones entre sí y su entorno, a través de flujos de información, de capital, de tráfico de personas y mercancías, etc. Los sistemas urbanos son jerárquicos, es decir, no todas las ciudades que forman parte del mismo sistema tienen la misma importancia, ni desempeñan las mismas actividades económicas o funciones, derivando su posición en el sistema de diferentes factores como el volumen de población, la especialización y tracción sobre el resto de las funciones que desempeña, etc.
La Teoría de los lugares centrales de Chrystaller explica que toda ciudad se ubica en el centro de un área de influencia (también llamado hinterland) al que abastece de bienes y servicios. Este área será mayor cuanto más diversa y especializadas sean las funciones de esa ciudad.
En el sistema urbano español se diferencian los siguientes niveles de jerarquía:
1.  Metrópolis nacionales. Forman el primer nivel jerárquico; en él se encuentran Madrid y Barcelona, aglomeraciones que superan los 4 millones de habitantes (Madrid 5,7 millones de habitantes: Barcelona: 4.9 millones de habitantes), si sumamos a las poblaciones del entorno, formando las llamadas áreas metropolitanas, que comprenden la ciudad central y una serie de poblaciones satélite, como Leganés y Getafe, en el caso de Madrid, y Hospitales y Badalona, en el caso de Barcelona.  A esto hay que añadirle, la influencia que ejercen sobre todo el territorio nacional, al localizarse en ellas las sedes de las principales empresas, ser centro de la red de comunicaciones y transportes (sobre todo Madrid), concentrar servicios muy especializados y relacionarse con otras metrópolis internacionales.
2.  Metrópolis regionales de primer orden. Este nivel lo integran ciudades como Valencia, Sevilla, Zaragoza y Málaga, cuya población oscila entre 500.000 y 1.000.000 habitantes y alguna con menos de 500.000 como Palma de Mallorca o Bilbao. Su influencia se extiende fundamentalmente al ámbito regional y mantienen lazos intensos con las nacionales. Como en el caso anterior, destacan por ser sedes de servicios especializados, centros de transportes, etc. La creación de las comunidades autónomas favoreció a estos centros regionales al dotarlas de sedes de aparatos administrativos.
3.  Metrópolis regionales de segundo orden. En este nivel se encuentran ciudades como Murcia, Alicante, Granada, Santander, etc. Con una población comprendida entre los 200.000 y los 500.000 habitantes, su ámbito de influencia es menor que las anteriores, aunque importante.
4. Ciudades medianas. Engloba a capitales de provincia y ciudades , con población entre 50.000 y 200.000 habitantes, que actúan como cabecera de comarcas con un cierto dinamismo económico y que, en ocasiones, cuentan con una especialización determinada: Algeciras, Salamanca, etc..
El actual sistema urbano español se consolida a mediados del siglo XX con la industrialización del país, aunque su desarrollo es anterior, ya que en el Siglo XIX, la  creación del ferrocarril o el auge de Madrid como capital del Estado determinan que el sistema de ciudades esté basado en dos grandes centros urbanos, Madrid y Barcelona.
La distribución de las ciudades va paralela, lógicamente, a la distribución de la población, por lo cual las principales ciudades, exceptuando Madrid, Valladolid y Zaragoza, se encontrarán en las costas.
En la actualidad, el sistema de ciudades tiende a articularse, formando ejes de desarrollo. Un eje de desarrollo se produce cuando las ciudades se articulan en torno a un conjunto de infraestructuras de transportes terrestres, fundamentalmente carreteras, a las que se une la concentración de actividades económicas, culturales, etc. comunes. Los ejes que conforman el sistema urbano español son los siguientes:
1.  Eje mediterráneo o levantino. Se extiende de Girona a Murcia; es uno de los que tiene mayor potencial de desarrollo. Está plenamente consolidado desde el punto de vista de la red urbana, su nivel de urbanización es muy elevado y presenta una estructura económica muy diversificada: industrial, terciaria, agrícola, etc.
2.  Eje del Ebro. Discurre desde Bilbao hasta Tarragona y, aunque ofrece un gran potencial, tiene algunos vacíos demográficos en las provincias de Huesca, Zaragoza y Lleida.
3.  Eje cantábrico. Se desarrolla desde el País Vasco a Galicia. Presenta algunas discontinuidades y es el espacio más debilitado por el declive minero-industrial, sobre todo en Asturias. Su alto nivel de urbanización, heredero de las etapas anteriores, convive con un declive urbano, un débil crecimiento económico y una red urbana estancada y poco integrada en las redes vecinas.
4. Eje atlántico gallego. Concentra la mayor parte del sector productivo gallego y forma parte de un eje de mayor envergadura que se prolonga hacia Oporto (Portugal).
5.  Eje litoral andaluz. El litoral andaluz constituye un gran corredor de gran importancia turística, de agricultura intensiva y de servicios desde Huelva hasta Almería, y es, además, la continuación natural del eje mediterráneo y enclave de conexión con África.
6.  Eje transversal andaluz. Se articula en torno a la Autovía del 92 y comprende a las ciudades situadas en el llamado surco intrabético, desde el Valle del Guadalquivir hasta Jaén, con conexión con Madrid y con el Levante.
7.  Madrid. Su situación central dentro del sistema de infraestructuras le confiere una posición de conexión entre varios ejes. Tiene un gran peso dentro del sistema económico español, aunque sufre problemas de congestión; por ello, está extendiendo su área de influencia a las provincias limítrofes.

Respecto al Sistema andaluz hay que decir que es un sistema polinuclear con varios Centros Regionales de diferente nivel:
A) Sevilla y Málaga destacan por la concentración de población (más de 600.000 habitantes), su influencia en la creación de un espacio regional y su actividad económica y política. Son ciudades centrales que empiezan a perder población y peso económico a favor de sus áreas metropolitanas.
b) Los Centros Regionales de Bahía de Cádiz-Jerez, Granada y Córdoba, constituyen el segundo nivel. Córdoba y Granada son grandes centros urbanos históricos con poblaciones superiores a los 300.000 habitantes que desempeñan un papel decisivo como referentes urbanos de amplias zonas de Andalucía central y oriental. El Centro Regional de Bahía de Cádiz-Jerez (Cádiz, Jerez, El Puerto de Santa María, Puerto Real,etc.) muestra una estructura urbana muy compleja, sin un centro definido y muy integrada.
c) Los Centros Regionales de Huelva, Bahía de Algeciras, Jaén y Almería presentan en la actualidad un menor peso demográfico y económico, pero son claves para una mejor organización del territorio andaluz en el futuro. Huelva y Almería son zonas en crecimiento por factores similares (turismo y agricultura intensiva), mientras la Bahía de Algeciras (Algeciras, La Línea..) es un punto estratégico por su puerto y por la frontera.

lunes, 7 de febrero de 2011

Pautas para realizar el mural sobre cambio climático


La idea es que elaboréis, en una cartulina, una especie de manual de consejos y recomendaciones, sencillas para que estén a alcance de todos y todas, sobre como ahorrar energía en nuestro entorno (en casa, en el instituto, etc..) y contribuir a frenar el cambio climático. Utilizar imágenes (fotografías, dibujos..) que apoyen vuestras ideas.
La información la podéis sacar de multitud de sitios (revistas, televisión, Internet..)En clase hablaremos de cómo hacer una búsqueda de información en Internet, utilizando palabras clave. Os proporciono algunas páginas para que vayáis consultándolas:
Para saber como reciclar
Para ahorrar energía

Actividades sobre Migraciones

1ª) Analiza el mapa de migraciones interiores en 1971-80 y responde a las siguientes cuestiones: 
a) En la década de los 70 ¿qué Comunidades Autónomas tienen valores emigratorios superiores a 101.000 personas?, ¿cuáles tienen valores inmigratorios superiores a 101.000 personas?
b) ¿Cualos son las causas principales por las que se producen los resultados que muestra el mapa de 1971-80?
c)¿Cambia sustancialmente la situación desde la década representada hasta la actualidad?. Explica los motivos si es así.

2ª) Analiza el mapa que representa el porcentaje de extranjeros con respecto al total de población de cada provincia española, respondiendo a las siguientes preguntas:
a) ¿Qué provincias tienen más de un 8% de extranjeros en el año 2005?
b)¿Cuáles son las causas de esta diversidad en la distribución provincial de la inmigración en España?
c) Cuales son las consecuencias demográficas y sociales de la inmigración en España?
Mapa 1

Mapa 2




lunes, 31 de enero de 2011

La Población española 2. Dinámica, Estructura y Perspectivas



4. Dinámica demográfica. Natalidad, Mortalidad. Migraciones.

4.1 Natalidad y  fecundidad

Natalidad define un fenómeno demográfico que comprende a los nacimientos habidos en el seno de la totalidad de una población; Fecundidad es un fenómeno relacionado con los nacidos vivos considerados sólo desde el punto de vista de las mujeres en edad de procrear.
Evolución de la natalidad y de la fecundidad Hasta fechas recientes, España ha sido uno de los países con mayor alta natalidad de los países europeos. Sin embargo, en un período de tiempo muy corto, la natalidad y la fecundidad españolas se han situado entre las más bajas del mundo, con valores muy bajos a pesar de la recuperación propiciada por la aportación de los inmigrantes.
Hoy en día nacen casi medio millón de niños al año en España. Aunque el descenso de la natalidad comenzó en el siglo XIX, todavía a principios del siglo XX era alta (33,9%0), siguiendo  con retraso el movimiento a la baja emprendido en la mayor parte de Europa; se mantuvo con valores relativamente altos durante la primera mitad del siglo; los descensos coyunturales más fuertes se producen a causa de la Guerra Civil (16,6%0 en 1939). En 1940 se inicia la recuperación de la natalidad, aunque con lentitud ya que la penosa situación económica de la posguerra impide la recuperación propia de cada posguerra y sólo la ruptura de la autarquía abre un periodo de aumento de la natalidad, la nupcialidad y la fecundidad, periodo que conocemos como “Baby Boom”. Este fenómeno arranca en España con unos 10 años de retraso respecto al resto del mundo occidental pero tiene los mismos efectos sobre la estructura de la población. A partir de ese momento se produce el descenso de la natalidad, más drástico a finales de la década de 1990 (9,2%0 en 1997). En la actualidad, la tasa de natalidad se ha recuperado levemente (10,73%0 en 2009)
El numero de hijos por mujer era en 1975 de 3, cayendo en 1995 hasta su mínimo histórico, 1,15. En el año 2009, fue de 1,4, siendo superior a la media la fecundidad de las mujeres inmigrantes. Hay que recordar que el umbral crítico de 2,1 hijos por mujer, el llamado índice de reposición, se franqueó en 1981 y desde entonces, no se han vuelto a recuperar valores altos en España.
Causas del descenso de la natalidad: Son múltiples y complejas ya que abarcan  desde cuestiones económicas a razones de tipo sociológico o estrictamente demográficas.  En cualquier caso, hay que tener en cuenta que es un fenómeno inseparable tanto del desarrollo económico que vive España desde los años 60 como de los procesos de democratización, modernización y secularización de la sociedad. Los factores más importantes son:
  • El cambio de mentalidades y el descenso de la influencia de la iglesia católica.
  • La emancipación de la mujer y su incorporación al mercado laboral.
  • El descenso de la nupcialidad
  • La difusión de la libertad sexual.
  • La extensión del uso de anticonceptivos.
  • El aumento del coste de la educación y crianza de los hijos.
  • La incorporación tardía al mercado de trabajo de las generaciones más jóvenes.
La distribución espacial La natalidad y la fecundidad se han reducido en todas las comunidades autónomas, aunque sigue habiendo diferencias regionales. Las regiones meridionales e insulares son las que poseen las mayores tasas e índices, seguidas por las regiones económicamente  más desarrolladas como Cataluña. Las comunidades del centro y del norte peninsular presentan las tasas más bajas.
En 2001, las comunidades con tasas de natalidad superiores al 10% eran Andalucía, Baleares, Canarias, Cataluña, Comunidad Valenciana, Madrid, Murcia y Navarra; en cambio, los valores más bajos, por debajo del 8%, los tenían Asturias, Castilla-León y Galicia. En cuanto al índice sintético de fecundidad, sólo la Región de Murcia rebasaba ligeramente la cifra de 1,5 hijos por mujer en 2001. En el año 2009, la comunidad de Asturias tenía la tasa de natalidad más baja del país (sólo 7,86%0) mientras que Murcia contaba con la más alta (12,78%0), sin contar, eso sí, con Ceuta y Melilla, para los que no están disponibles los datos del año 2009.

4.2 La mortalidad

Evolución de la mortalidad Hasta finales del siglo XIX la población española se caracterizaba por las altas tasas de mortalidad y la baja esperanza de vida. En la actualidad, la tasa bruta de mortalidad se encuentra en torno al 8,35 %0 en 2009, un nivel a partir del cual resulta ya muy difícil seguir bajando.
La mortalidad infantil ha seguido una trayectoria muy similar. A principios del siglo XX,  el valor de la tasa estaba en el 181; pasó de un 64,2‰ en 1950 a un 29,5‰ en 1965, gracias a la creación de la Seguridad Social. En el 2006 se encuentra en el 3,8%0, un nivel similar al de los países con tasas de mortalidad más bajas.
La esperanza de vida al nacer evolucionó también a valores muy positivos a lo largo del siglo XX a causa del descenso de la mortalidad. A principios de ese siglo se encontraba en torno a los 35 años y en la actualidad es de unos 78 años para los hombres  y 84 años para las mujeres.
Los factores explicativos del descenso de la mortalidad son la combinación de los avances médicos (y el acceso de toda la población a ellos) con la mejora de los recursos socioeconómicos y del nivel de vida en general, lo que redunda en la mejora de alimentación y en los hábitos de salud.
En cuanto a las causas, en la actualidad, se resumen las famosas «tres ces» (corazón, cáncer y carretera), siendo, por tanto, enfermedades características de modos de vida propios de las sociedades desarrolladas (sedentarismo, tabaquismo..) y se centran en los estratos de población de edades más avanzadas y más entre los hombres que entre las mujeres. Pese a esto, habría que señalar la existencia de  sobremortalidad entre los jóvenes de 20 a 30 años por culpa de los accidentes de tráfico.
El reparto de la mortalidad era muy desigual en los años 90 todavía; se daban las tasas más altas en lugares más deprimidos como Andalucía o Extremadura y las más bajas en Cataluña o Euskadi. Actualmente, sin embargo, las tasas más altas se producen en Galicia, Castilla y León y, sobre todo, Asturias (12,1%0), ya que presentan una población más envejecida. De la misma forma, también es mayor en las zonas rurales, por la misma razón.

4.3 El crecimiento natural

El crecimiento natural ha tenido una tendencia positiva desde finales del siglo XIX, debido al continuo descenso de la mortalidad y a la más lenta reducción de la natalidad. No obstante, se pueden establecer diferentes etapas:
1.       1850-1900: Se produce una evolución irregular debido, sobre todo, a la mortalidad epidémica.
2.      1900-1950: Las tasas de crecimiento se mantienen más altas como consecuencia del descenso de la mortalidad y del mantenimiento de unas tasas de natalidad altas. Las excepciones se producen con la epidemia de gripe de 1918 y la Guerra Civil (1936-39).
3.      1950-1970: Es el periodo de mayor crecimiento natural, fruto de una mortalidad que ha llegado a sus valores más bajos y de una natalidad que se mantiene bastante elevada, superior al 20 por mil. Es la época del “Baby Boom”
4.      A partir de la década de 1970: El crecimiento natural inició su descenso en esta época, a raíz de la caída de la fecundidad y de un incremento de las tasas de mortalidad; esta caída ha tenido lugar de manera muy brusca. En consecuencia, se ha producido una fuerte reducción de la tasa de crecimiento natural en un corto periodo de tiempo, pasando del 1,1% en 1977 al 0,2% en 1999. En  los últimos años se ha iniciado una tímida recuperación (2,53‰ en 2006).
Para poder explicar la evolución de la natalidad y la mortalidad se ha formulado la llamada teoría de la transición demográfica. Esta teoría describe el paso del antiguo sistema demográfico, caracterizado por las elevadas tasas de natalidad y mortalidad, que originaban un lento crecimiento, a un sistema demográfico moderno de nuevo equilibrio, con un lento crecimiento, pero ahora debido a unas tasas de natalidad y mortalidad reducidas. Entre ambos periodos tendría lugar una fase de transición de elevada crecimiento, consecuencia de un descenso de la mortalidad anterior al de la natalidad.
La transición demográfica española presenta una cierta singularidad con respecto al resto de los países europeos, que se concreta en la aparición mucho más tardía de la reducción de las tasas de mortalidad y natalidad; por ello, la época de máximo crecimiento de la población española se retrasó casi un siglo con respecto a algunos países europeos. En España, puede darse por finalizada la Transición demográfica hacia 1976, cuando comienza a caer la tasa de Natalidad.

4.4 Dinámica migratoria

En la historia de España, los movimientos migratorios se pueden analizar en tres grandes apartados:
Las migraciones exteriores
a)     La emigración al norte de África fue importante durante el siglo XIX. El principal país destinatario fue Argelia dónde existió una colonia española de 160.000 personas que trabajaron en la agricultura, fundamentalmente.
b)     La emigración a America fue importante durante la primera mitad del siglo XX. Los países de destino fueron Argentina, Cuba, Brasil, México y Uruguay y, más tarde, Estados Unidos y Canadá. Se calcula que  unos 3 millones de españoles cruzaron el Atlantico entre 1840 y 1950.
c)      El exilio republicano tras la Guerra Civil se estima en unas 800.000 personas, que huyeron hacia países como Francia, la U.R.S.S. o México.
d)     La emigración a Europa fue muy importante entre los años 1960 y 1970.
Durante la primera mitad del siglo XX, la emigración española a Europa tuvo como país casi exclusivo a Francia. La finalización de la Segunda Guerra Mundial y el período de reconstrucción que se inicia en los países contendientes, marcará una nueva fase en la emigración de españoles a Europa. La necesidad de mano de obra en países como Francia, Alemania o Suiza, junto con el excedente demográfico y las deficientes condiciones económicas y sociales reinantes en España, fueron los factores que impulsaron las nuevas oleadas de emigrantes hacia Europa.La década de los años 1960-1969 conoce el mayor número de salidas, llegándose a superar en algunos años la cifra de 100.000 emigrantes. Desde 1974, la salida de emigrantes se hace mucho más débil lo que motivará que el balance migratorio a partir de entonces sea negativo o escasamente positivo. En esta emigración a Europa, las comunidades que más efectivos aportaron fueron Andalucía y Galicia.
Consecuencias de las migraciones exteriores Entre los efectos positivos de las migraciones se cuentan:
  • La reducción de la presión en el mercado laboral: gracias a la emigración se alivió el volumen de la población en paro.
  • El alivio de la presión demográfica que empezaba a sufrir el país: se estima que salieron unos dos millones de personas.
  • La entrada de divisas.
Entre las repercusiones negativas destacan:
  • Los costes demográficos que supuso la pérdida de población joven en las regiones migratorias, que provocaría el envejecimiento de la población y la caída de la fecundidad.
  • Los costes sociales: difícil adaptación en el país de destino debido al bajo nivel cultural del emigrante, empleo en trabajos duros y mal remunerados, etc.
  • El despoblamiento de las áreas de origen, con el consecuente abandono de las tierras y de las infraestructuras, la disminución de las poblaciones, etc.
Las migraciones interiores El proceso de industrialización y urbanización será el causante de las migraciones interiores, que se desarrolla en España con toda su intensidad entre los años 1960 y 1970.
Existen varios tipos de migraciones interiores:
  • Estacionales o temporales de duración limitada y carácter cíclico. Entre ellas la trashumancia, las realizadas por agricultores para la vendimia…
  • Definitivas o de larga duración entre las que encontramos el éxodo rural, migraciones interurbanas (entre pequeñas y medianas ciudades) o suburbanas, (traslado desde ciudades a zonas rurales cercanas: desde Sevilla al Aljarafe, por ejemplo), etc.
  • Movimientos habituales  periódicos y habituales dee uno o varios días de duración. Las ligadas al trabajo se llaman movimientos pendulares .
Evolución histórica. Las migraciones interiores presentan dos etapas: la primera transcurre desde el siglo XIX hasta 1950; la segunda, desde esa fecha hasta el presente.
a)     Desde el siglo XIX hasta la primera mitad del siglo XX, la cuantía de estos desplazamientos no fue grande; no obstante, la industrialización de Barcelona y el País Vasco y las obras públicas iniciadas en otras grandes ciudades durante la dictadura de Primo de Rivera intensificaron las migraciones interiores, pero la Guerra civil y los años de posguerra hicieron disminuir los desplazamientos. Las zonas migratorias pertenecían a Galicia, las dos Castillas, Aragón y Andalucía oriental, mientras que las receptoras de emigrantes fueron Cataluña, Levante, el País Vasco, Andalucía occidental (Sevilla) y Madrid.
b)     En los años 1960 y 1970 se producen importantes migraciones interiores. Se calcula que entre 1960 y 1985 unos 12 millones de personas emigraron de su lugar de origen. Durante esos 25 años, la media fue de más de 360000 emigrantes anuales. Las provincias más beneficiadas por la afluencia de emigrantes fueron Madrid, Barcelona y Valencia, a las que siguieron Vizcaya, Girona, Tarragona, Alicante y Sevilla, las regiones generadoras de emigrantes fueron Extremadura, Castilla-La Mancha y Andalucía oriental.
Nuevas tendenciasEn los últimos años, las migraciones interiores han variado en intensidad y comportamiento geográfico. Estas son las novedades más sobresalientes:
  • La progresiva ampliación de las provincias con saldos migratorios positivos.
  • La reconversión de áreas tradicionalmente de inmigración en áreas de emigración, debido a la salida de antiguos emigrantes; son los llamados «emigrantes retornados».
  • El éxodo rural es sustituido por desplazamientos de población entre los diferentes centros urbanos.
  • Vería también el tipo de emigrante: el actual pertenece de forma mayoritaria al sector servicios.
Consecuencias de las migraciones interiores
Las repercusiones de las migraciones interiores se dejan sentir especialmente en los planos demográfico, social y económico.
a)     Para las zonas que actúan como focos de atracción, los emigrantes suponen un cambio positivo sobre el crecimiento real, la estructura demográfica y la dinámica natural. Los emigrantes se convierten en la base del crecimiento demográfico de muchas áreas urbanas, tanto por el aporte directo que suponen como por su repercusión sobre la fecundidad, al ser una población mayoritariamente joven. Así, la estructura por edad se ve rejuvenecida; la población activa, incrementada, y la natalidad y la fecundidad, revitalizadas. En el plano social, el aporte de nuevos contingentes es considerado como un factor que acentúa la riqueza y la diversidad cultural; en el plano económico, se produce una mejora en la oferta de mano de obra y una mayor concentración de recursos humanos.
Pero también las zonas de inmigración se ven obligadas a asumir nuevos costes para satisfacer las demandas de una población en crecimiento: nuevos equipamientos e infraestructuras, mayor número de viviendas, etcétera.
b)     Las zonas de emisión de emigrantes sufren repercusiones de carácter más negativo que positivo. Demográficamente, se produce un descenso de la población, el envejecimiento de su estructura y la caída de la fecundidad; en el plano económico, un empobrecimiento de los recursos humanos y una reducción de las actividades económicas. La emigración supone una mejora de la renta para los que permanecen.
Globalmente, las migraciones interiores han sido las causantes de fuertes desequilibrios en la distribución de la población; en consecuencia, han propiciado la aparición de zonas de fuerte concentración poblacional frente a la desertización demográfica de otras.
Inmigración de extranjeros en España España ha pasado a ser un país de inmigración. Se tienen datos de la inmigración de carácter legal, pero se desconoce la inmigración irregular o ilegal en su auténtica dimensión. Según el INE, en 2008, el 11,4% de la población residente en España es extranjera, cifra que asciende a 5,3 millones de habitantes, con un incremento anual del 16,6%. Las comunidades autónomas con mayor número de extranjeros son Baleares (20,8%), Comunidad Valenciana (16,8%) y Madrid (16%). Extremadura y Galicia son las que menos proporción de extranjeros poseen (3,4% y 3,2%).
Las nacionalidades predominantes eran la rumana (731.806), la marroquí (652.695), la ecuatoriana (427.718) y la británica (352.957).
En el año 2007, el INE realizó por primera vez la Encuesta Nacional de Inmigrantes que investiga sus características demográficas. Según esta encuesta, los principales motivos para emigrar a España fueron la demanda de una mejor calidad de vida, la búsqueda de un empleo o razones de tipo familiar- la reagrupación, por ejemplo-
Entre las consecuencias, habría que citar:
  • La abundancia de adultos jóvenes entre los inmigrantes ha paliado el envejecimiento de la población española favoreciendo el aumento de la natalidad y la fecundidad.
  • La oferta laboral existente en determinados sectores como la construcción, los servicios domésticos o la atención a personas dependientes ha sido cubierta por los inmigrantes.
  • La contribución por parte de la población inmigrante al sostenimiento del sistema público de pensiones y seguridad social.
  • En el plano negativo, la aparición de tensiones sociales vinculadas a las duras condiciones de trabajo, la ghetización de los barrios de residencia y el surgimiento de actitudes de rechazo e intolerancia.

5. Estructura Demográfica: Sexo, Edad y Ocupación.

El análisis de la estructura de la población española por sexo revela que la sex ratio o relación de masculinidad se encuentra en el 96% Esta diferencia entre sexos se debe a la mayor mortalidad de hombres, la llamada supermortalidad masculina que se aprecia a partir de los 45-50 años.
La composición por edad, por su parte, revela que España presenta una fuerte tendencia al envejecimiento (más del 17% de mayores) y una reducción de la población joven. Las regiones con población más joven son Andalucía, Murcia y Canarias; las más envejecidas Aragón, Castilla-León y La Rioja.
La composición de la estructura por sexo y edad se observa en la pirámide de edades:
La de 1900 traduce el comportamiento de una población con altas tasas de natalidad y esperanza de vida todavía baja como consecuencia de las altas tasas de mortalidad. En la de 1950 se aprecia una base más reducida porque se reducen los nacimientos durante la Guerra Civil. Entre los 25 y los 39 años se refleja la sobremortalidad producida por la guerra.
En la pirámide de 1991, la mortalidad de la guerra se refleja en las edades entre los 72-82 años. La gripe del año 1918 dejó su huella en las generaciones que ahora superan los 70 años. El déficit  de nacimientos de la guerra se manifiesta en el grupo de edad entre los 50-55 años. Asimismo, la reducción de la base muestra el descenso de la fecundidad a partir de 1977.
En la pirámide de 2008 se aprecia:
1.       La ligera recuperación del grupo de 0 a 4 años como consecuencia del cambio de tendencia en la fecundidad.
2.      La disminución de efectivos en los grupos de edad comprendidos entre los 5 y 15 años, consecuencia directa de la reducción de la fecundidad en los últimos años.
3.      El engrosamiento de los efectivos correspondientes a los grupos de 25 a 34 años fruto de la migración extranjera.
4.      El claro desequilibrio entre hombres y mujeres a partir del grupo de los 75 años y el mayor ensanchamiento de estos grupos fruto de la mejora en la esperanza de vida.
De la forma de la pirámide se desprende que la población española va camino de un progresivo envejecimiento. El fenómeno es relevante por las consecuencias  sociales y económicas derivadas, tales como el necesario incremento de los recursos sanitarios y hospitalarios, y la mejora de los servicios sociales y el aumento de los fondos destinados a sufragar las pensiones.
Respecto al estado civil, los datos del último censo indican un descenso de la población soltera, frente al crecimiento de otras condiciones de estado. El descenso de la fecundidad a partir de 1970 es la causa de la menor cantidad de población joven y por tanto de población célibe. La mayor parte de solteros está entre los 20 y 50 años; a edades superiores, la soltería está más generalizada entre las mujeres.
Otro dato es el aumento de separados y divorciados debido al cambio social tan fuerte experimentado en España, que evoluciona hacia una sociedad más laica y liberal.
El descenso de la tasa de nupcialidad en España es similar a la media europea: 7,3%0 en 1970, 7%0 en 1978,5%0 en 1990 y 3,83%0 en 2009. El aumento de la población casada, en números absolutos, de los últimos años es coyuntural, consecuencia del crecimiento poblacional y del engrosamiento de la población adulta. La edad de matrimonio es cada vez más tardía, lo que reduce la natalidad y la fecundidad.
Decir que producen menos divorcios que en Europa del Norte y Central por cuestiones socioculturales (religiosas).
Respecto a la fuerza de trabajo o población activa, que se  recoge hoy en día en la Encuesta de Población Activa (EPA), ésta ha ido aumentando desde 1900, siendo especialmente importante desde 1981 por el peso de la población adulta y por la incorporación de la mujer al mundo laboral. En el año 2000, la tasa de población activa estaba en 54.3%, cifra que, a pesar del crecimiento, es una de las más bajas de la U.E.
La distribución de población activa por edades refleja un fuerte peso entre los 30-45 años, colectivo que supone aproximadamente el 50% de la población activa.
La diferencia de la actividad según el sexo es apreciable. En el año 2008, la tasa estaba en 69.8% para los hombres frente al 50,46% para las mujeres.
Según las comunidades autónomas, las de mayor tasa de actividad son Cataluña, Canarias, Baleares, Madrid, Murcia, Navarra, La Rioja y P. Vasco. Por lo bajo destacan Asturias, las dos Castillas, Cantabria, Extremadura y las ciudades Autónomas de Ceuta y Melilla con tasas sobre el 55% y que sufren efectos de emigración, atraso económico y envejecimiento de sus poblaciones.
Por sectores económicos el país ha sufrido un profundo cambio en el  S.XX . Hay un más alto porcentaje de población dedicada al comercio y los servicios, menos a la industria y poco a la agricultura. La característica más sobresaliente ha sido la progresiva terciarización de la población activa, además de la mayor diversificación de la actividad productiva, la importancia de nuevas actividades (informática, telecomunicaciones,…) o el aumento de actividades relacionadas con los servicios personales y con las empresas…
A partir de los años 70, la crisis energética y las reconversiones industriales hacen elevarse las tasas de paro. Actualmente, la tasa de paro es muy alta (11,3% en 2008; 20,33% en el último trimestre de 2010). El fenómeno afecta desigualmente a las comunidades autónomas, estando Andalucía entre las de más alto porcentaje. Afecta, sobre todo, a activos del sector agrario y de la construcción y más a mujeres que a hombres.
España es dentro de la U.E. el país de tasa más alta de desempleo.
Respecto al nivel de formación, hay que decir que aún queda población analfabeta en España, la mayoría mujeres de edad avanzada, concentradas en Andalucía, Castilla-La Mancha y Extremadura. Uno de los logros de los últimos 30 años ha sido ampliar la escolarización hasta los 16 años y ampliar la igualdad de oportunidades para ambos sexos y  diferentes estratos sociales. Pese a ello, seguimos estando en la cola europea de población con formación secundaria o superior (50,4% en 2007)

6. Perspectivas de futuro.
Es importante conocer las perspectivas de futuro de nuestra población. Son las siguientes:
  • Crecimiento moderado de la población seguido de un descenso.
  • Incremento de la población anciana.
  • La fecundidad se seguirá reduciendo.
  • En mortalidad, la mujer mantiene la superioridad biológica y se cree que la esperanza media de vida seguirá aumentando.
  • En migraciones, se amplían los flujos intraprovinciales y se reducen los interprovinciales. La inmigración extranjera es posible que se estanque.