Durante el primer trimestre, analizamos como se configuraba en la sociedad europea durante la edad moderna el dominio del género masculino sobre el femenino, como se legitimaba la violencia de género y como algunas mujeres como Cristina de Pizán intentaron rebatir esos argumentos en un debate que se denominó "la Querella de las Mujeres" y que atravesó la cultura europea de los siglos XV, XVI y XVII. A esa actividad, recogiendo la expresión de Virginia Woolf, la denominamos "¿De dónde viene la ira?"
El segundo trimestre lo comenzamos visionando en clase el film Sufragistas. Vamos a partir de esta película para estudiar la evolución de la lucha por la igualdad durante los siglos XIX y el primer tercio del XX, tiempo que se corresponde con los temas que hemos estudiado en clase en los últimos meses (Revolución industrial, Movimiento Obrero, etc.)
La actividad a realizar está enlazada al fin de la entrada, pero antes es conveniente repasar brevemente la evolución del feminismo en esos años.
Contexto. La lucha por la igualdad en el siglo XIX
En el siglo XVIII, el debate intelectual sobre la capacidad intelectual de la mujer no se había cerrado aún. La Ilustración, por tanto, lo heredó. El problema radica en que siendo un movimiento cultural que tenía a la razón como estandarte, la Ilustración no solventó la cuestión ni supuso un avance significativo en la conquista del espacio público por las mujeres, más bien lo contrario. De hecho, representantes del pensamiento ilustrado tan importantes como Rousseau reprodujeron los mismos argumentos misóginos que vimos en los siglos anteriores. Hubo, al igual que en los siglos anteriores, hombres que abogaron por lo que hoy denominaríamos igualdad de género, siendo Condorcet, quizá, el más señalado, pero, en general, se puede afirmar que el proceso de racionalización que protagonizó el siglo XVIII, el siglo de las Luces, no desplazó a la misoginia.
La supuesta inferioridad del género femenino se fundamentó para Rousseau en la propia herencia de la naturaleza que había establecido las diferencias entre ambos sexos, como se desprende de esta cita de su obra Emilio:
"El sostener de una manera vaga que son iguales los dos sexos y que tienen las mismas obligaciones, es perderse en manifestaciones vanas, sin decir nada que no se pueda rechazar. (...)
Agradarles, serles útiles, hacerse amar y honrar de ellos, educarlos cuando niños, cuidarlos para mayores, aconsejarlos, consolarlos, hacerles grata y suave la vida son las obligaciones de las mujeres en todos los tiempos, y esto es lo que desde su niñez se les debe enseñar. (...) El hombre dice lo que sabe, y la mujer dice lo que agrada; el uno para hablar necesita conocimiento y la otra gusto; el principal objeto de él deben ser las cosas útiles, y el de ella las agradables. (...) Todo lo que tiende a generalizar las ideas, no es propio de mujeres; sus estudios se deben referir a la práctica, y les toca a ellas aplicar los principios hallados por el hombre y hacer las observaciones que le conducen a sentar principios."
La respuesta a Rousseau la proporciona Mary Wollstonecraft, autora de uno de los hitos de la literatura feminista, Vindicación de los derechos de la mujer (1792). Wollstonecraft le va a dar la vuelta a los postulados misóginos de Rousseau, atribuyendo el origen de las diferencias entre los géneros a la exclusión de las mujeres de la educación científica y humanística, por lo que la igualdad en el acceso a la educación debía ser la llave que garantizara la conquista de la esfera pública por las mujeres.
"¿Quién ha erigido al hombre como único juez, si la mujer comparte con él el don de la razón?"
(...)
"Probablemente yo he tenido la oportunidad de observar más niñas en su infancia que J.J. Rousseau. Puedo recordar mis propios sentimiento y he observado a mi alrededor con detenimiento. Sin embargo, lejos de coincidir con su opinión respecto a los primeros albores del carácter femenino, me aventuraré a afirmar que una niña a quien no se le haya apagado el espíritu por la inactividad o se le haya teñido la inocencia con la falsa vergüenza, siempre será traviesa y que no le atraerán la atención las muñecas, a menos que el encierro no le permita otra alternativa. En pocas palabras, los niños y las niñas jugarían juntos sin peligro, si no se inculcara la distinción de sexos muchos antes de que la naturaleza haga alguna diferencia."
La obra de Wollstonecraft es importante en la historia de la lucha por la igualdad porque supone el puente entre la fase de la discusión intelectual que marcó la Querella de las Mujeres y la nueva fase que se inicia con la llegada de las revoluciones liberales, una fase que podríamos llamar política y jurídica y tiene su culminación en la conquista del voto femenino. Esta fase se caracteriza, fundamentalmente, por la aparición de un movimiento de naturaleza política, el sufragismo, que reclamará para el género femenino, el espacio político y social que las revoluciones, fundadas en los principios de igualdad legal y libertad individual, negaron a las mujeres.
La revolución americana que consagró la primera democracia occidental de la historia contemporánea negó a las mujeres cualquier posibilidad de participación en el naciente sistema político, forjando al sufragio universal masculino como el instrumento de monopolización de la representación política por los hombres. El peligro que, para las mujeres, suponía la afirmación legal del privilegio masculino de la participación política movilizó a mujeres como Abigail Adams que, en los momentos previos a la aprobación de la Constitución, escribió a su marido, John Adams, futuro presidente de los Estados Unidos, recordándole que:
"...en
el nuevo código de leyes que supongo que será necesario que
redactéis..no hay que poner un poder sin límite en manos de los esposos.
Recordad que todos los hombres serían tiranos si pudieran. Si no se
presta un cuidado y una atención especial a las damas, estamos
dispuestas a fomentar una rebelión, y no nos consideramos obligadas a
obedecer las leyes en que no tengamos representada nuestra voz."
Durante la Revolución Francesa, se vivió el mismo proceso. La afirmación de los derechos de igualdad legal, gobierno representativo, derechos individuales, etc., no conllevó una negación de los privilegios masculinos en ninguno de los ámbitos en los que estos se ejercían. Las mujeres quedaron excluidas del sistema político creado y su condición de ciudadanas no fue reconocida por la Asamblea Nacional.
Esta exclusión es especialmente grave si tenemos en cuenta el enorme protagonismo de las mujeres parisinas en acontecimientos de la revolución como la toma de la Bastilla o la marcha a Versalles para obligar al Rey a firmar la Declaración de Derechos de 1789.
Como las mujeres fueron ignoradas en la Declaración de Derechos aprobada por la Asamblea Nacional, en 1791 Olimpia de Gouges lideró la redacción y proclamación de una Declaración de Derechos de la Mujer y de la Ciudadana que pretendía la equiparación de derechos entre ambos géneros. El texto decía así:
«Las madres, las hijas, las hermanas, representantes de la Nación, solicitan ser constituidas en Asamblea Nacional. (...) el sexo superior, tanto en belleza como en valor —como demuestran los sufrimientos maternales— reconoce y declara, en presencia y bajo los auspicios del Ser Supremo, los siguientes Derechos de la Mujer y de la Ciudadana.
ARTÍCULO I. La mujer nace libre y permanece igual al hombre en derechos. (...).
ARTÍCULO II. El objetivo de toda asociación política es la conservación de los derechos naturales e imprescriptibles de la mujer y los del hombre; estos derechos son la libertad, la propiedad, la seguridad y, sobre todo, la resistencia a la opresión.
ARTÍCULO IV. La libertad y la justicia consiste en devolver todo cuanto pertenece a otros; así pues, el ejercicio de los derechos naturales de la mujer no tiene más limitaciones que la tiranía perpetua a que el hombre la somete; estas limitaciones deben ser modificadas por medio de las leyes de la naturaleza y de la razón."
Las revolucionarias francesas no se van a limitar a las exigencias políticas y van a intervenir en otros ámbitos, reclamando, por ejemplo, el derecho de las mujeres a participar en la guerra en defensa de revolución. No se trataba sólo, por tanto, de lograr la equiparación política con el género masculino, sino de romper también las relaciones de dependencia y subordinación de las mujeres con sus maridos o padres.
Las mujeres de la clase trabajadora urbana, (las trabajadoras de los mercados, por ejemplo) fueron especialmente activas durante la revolución, apoyando a la izquierda republicana. Las conocidas como sans-jupons (equivalentes a los sans-culottes masculinos) fueron el principal apoyo de organizaciones como las Ciudadanas Republicanas Revolucionarias, el principal club femenino de la etapa republicana. Esta organización fue alabada por los integrantes de la Comisión de Derechos Humanos de la Convención:
"Habéis
roto uno de los eslabones de la cadena de prejuicios. Aquel que
confinaba a las mujeres al angosto espacio de sus hogares, convirtiendo a
la mitad de las personas en seres pasivos y aislados ya no existe para
vosotras. Estáis ansiosas por ocupar vuestro puesto en el orden social,
la apatía os ofende y humilla."
Esta organización feminista intentó integrar las demandas de igualdad política reclamadas por las mujeres burguesas con las demandas sociales de las mujeres de los mercados y arrancó a la Convención importantes conquistas como el derecho de las mujeres a la propiedad, la aprobación del divorcio o la prohibición de la prostitución. Sin embargo, su papel no fue reconocido por las autoridades de la Convención que, en octubre de 1793 decretaron la clausura de los clubes femeninos. Días antes, Claire Lacombe, líder de las Ciudadanas Republicanas Revolucionarias, en un discurso en la Convención, intentó parar la prohibición:
"Nuestro
sexo tan sólo ha producido un monstruo (María Antonieta), pero
nosotras durante cuatro años hemos sido traicionadas y asesinadas por
innumerables monstruos de sexo masculino. Nuestros derechos son los del
pueblo, y si se nos oprime, sabremos como oponer resistencia a la
opresión"
En definitiva, tras las revoluciones liberales acaecidas a finales del XVIII y principios del XIX, la situación de las mujeres no sólo no mejoró, sino que sufrió un claro retroceso al continuar sumidas en la condición de súbditas mientras que los hombres alcanzaban la categoría de ciudadanos. Su sacrificio y sus aportaciones fueron, además, ignoradas. A pesar de que la revolución tenía una imagen femenina ( la de Mariannne, que personificaba a la República francesa) hoy casi nadie recuerda a las sans-jupons mientras que los sans-culottes figuran en casi todos los libros de texto de historia.
La libertad guiando al pueblo, obra de Delacroix. La libertad aparece representada como una mujer, popularmente conocida como Marianne.
En 1848, en el mismo año en que se publicó el Manifiesto Comunista de Marx y Engels o se produjo la tercera de las oleadas revolucionarias del siglo XIX, en la localidad estadounidense de Seneca Falls, se produjo un acontecimiento singular que, sin embargo, ha tenido mucha menos repercusión: la primera convención sobre los derechos de las mujeres. La convención tuvo como resultado la promulgación de la Declaración de Sentimientos y Resoluciones de Seneca Falls:
«La historia de la humanidad es la historia de las repetidas vejaciones y usurpaciones por parte del hombre con respecto a la mujer, y cuyo objetivo directo es el establecimiento de una tiranía absoluta sobre ella. (...)
La ha obligado a someterse a unas leyes en cuya elaboración no tiene voz. (...)
Si está casada, la ha dejado civilmente muerta ante la ley. La ha despojado de todo el derecho de propiedad, incluso sobre el jornal que ella misma gana.
Moralmente se ha convertido en un ser irresponsable. (...) En el contrato de matrimonio se le ha obligado a prometer obediencia al esposo, mientras que él se convierte, para todos los fines y propósitos en su amo –ya que la ley le da poder para privarla de libertad y para administrarla castigos. (...)
Al emprender la gran tarea que tenemos ante nosotras, anticipamos que no escasearán los conceptos erróneos, las malas interpretaciones y las ridiculizaciones, empero, a pesar de ello, estamos dispuestas a conseguir nuestro objetivo, valiéndonos de todos los medios a nuestro alcance. Vamos a utilizar agentes, vamos a hacer circular folletos, presentar peticiones a las cámaras legislativas del Estado y nacionales, y asimismo trataremos de llegar a los púlpitos y a la prensa para ponerlos de nuestra parte. Esperamos que esta Convención vaya seguida de otras convenciones en todo el país. (...)»
DECIDIMOS: Que todas aquellas leyes que impidan que la mujer ocupe en la sociedad la posición que su conciencia le dicte o que la sitúen en una posición inferior a la del hombre, son contrarias al gran precepto de la naturaleza y, por tanto, no tienen ni fuerza ni autoridad. (...)
DECIDIMOS: Que la mujer es igual al hombre -que así lo pretendió el Creador- y que por el bien de la raza humana exige que sea reconocida como tal.
DECIDIMOS: Que es deber de las mujeres de este país asegurarse el sagrado derecho a votar.»
La Convención de Seneca Falls fue imitada a lo largo y ancho de los Estados Unidos durante las décadas centrales del siglo XIX, sucediéndose las reuniones y mítines en los que cristalizaría en la constitución del movimiento sufragista, el gran protagonista de las movilizaciones feministas de la segunda mitad del siglo XIX y las dos primeras décadas del XX.
En los Estados Unidos, nacerían la Asociación Nacional Pro Sufragio de la Mujer (NWSA) , liderada por Susan B. Anthony y Elizabeth Candy Staton y Asociación Américana Pro Sufragio de la Mujer (AWSA) encabezada por Lucy Stone.
En el Reino Unido destacarán la Unión de Sociedades por el voto de las mujeres y la Unión Social y Política de las Mujeres (WSPU), de carácter mas radical y
encabezada por Emmeline Pankhurst (que aparece interpretada por Meryl Streep en la película que vimos en clase, Sufragistas). Entre las militantes de esta organización ha pasado a la historia el nombre de Emily Davison, la mujer que se sacrificó en el derby de 1913 para atraer la atención de la opinión pública hacia la causa sufragista. Este vídeo recoge el triste acontecimiento:
El alma del sufragismo residía en su lucha por la consecución del derecho al voto para las mujeres aunque no se limitó a dicha demanda. Conforme avanzó el siglo, las demandas relacionadas con cuestiones sociales y económicas fueron ganando peso.
En Estados Unidos, por ejemplo, la relación del sufragismo con el movimiento antiesclavista fue muy estrecha. Prueba de esto es la famosa intervención de Sojourner Truth, mujer nacida esclava, en una convención feminista celebrada en 1851:
"Mirad mi brazo. He trabajado la tierra, he sembrado, y he recogido la siembra en el granero, y ningún hombre me podía ganar ¿Y no soy mujer?
He parido trece hijos y he visto como a la mayoría los vendían como esclavos, y cuando lloré con la pena de una madre, ¿nadie me escuchó salvo Jesús! ¿Y no soy mujer?"
La relación entre feminismo y abolicionismo se percibe también en la propuesta de candidatura que el partido sufragista Equal Rights lanzó en las elecciones presidenciales de 1872 con la feminista Victoria Woodhull como candidata a la presidencia y el activista afroamericano Frederick Douglass como postulante a la vicepresidencia.
Manifestación sufragista
En cualquier caso, las fronteras entre sufragismo, democracia radical y utopismo socialista fueron siempre borrosas y en el ánimo de gran parte de las líderes sufragistas la lucha por los derechos de las mujeres trabajadoras, el acceso a la educación y la emancipación de las mujeres respecto al dominio de sus maridos tuvieron siempre el mismo rango de importancia que la conquista del derecho al voto.
La aparición del movimiento obrero y de sus dos poderosas ramas en el XIX, anarquismo y socialismo, trajo consigo el surgimiento de una corriente dentro del feminismo que consideraba secundaria la cuestión del sufragio y que planteaba que existían diferencias entre las mujeres de la clase obrera y las de la burguesía, por lo que sus reivindicaciones no podían ser las mismas ni tenia sentido que militaran en las mimas organizaciones. La fundadora del feminismo socialista fue la francesa Flora Tristán que editó un folleto llamado La Unión Obrera, años antes de que Marx y Engels publicaran el Manifiesto Comunista y en el que ya se asomaban ideas clásicas del socialismo como el internacionalismo.
Dentro del anarquismo destacarán Louise Michel y Emma Goldman. La primera fue una maestra que llegó a ser una de las principales figuras de la Comuna de Paris y cuya actividad política tiene un enorme valor al integrar feminismo, pacifismo, crítica al colonialismo y emancipación de la clase trabajadora en la misma lucha. Fue, en ese sentido, una precursora del siglo XX. Emma Goldman fue una judía lituana que desarrolló su activismo en Estados Unidos donde se convirtió en una celebridad y en una de las personas más odiadas por la élite empresarial que gobernaba el país.
La madurez del feminismo socialista llegó ya en el siglo XX con la creación de la Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas que fue una organización paralela a la II Internacional socialista. En su segundo congreso, celebrado en Copenhague en 1910, la Conferencia aprobó la reivindicación del sufragio universal unida a la necesidad de aprobar una legislación que protegiera a las mujeres y aglutinara ámbitos como la maternidad, el acceso a la educación, el derecho al aborto, la independencia económica y jurídica, etc. La idea de celebrar un Día Internacional de las Mujeres partió de ellas. Sus líderes fueron mujeres como Clara Zetkin y Alexandra Kollontai. Esta última fue la primera mujer en desempeñar un puesto de ministra en el gobierno de un estado: fue Comisaría del Pueblo para la Asistencia Pública en el primer gobierno bolchevique tras la Revolución Rusa.
Alexandra Kollontai
Con la sucesiva aprobación del sufragio femenino en la mayoría de los países occidentales y los avances en la igualdad legal, la conocida como la primera ola del feminismo fue cerrando el circulo iniciado por las revolucionarias del siglo XVIII. Quedarían pendientes muchas luchas que protagonizarían, ya entrado el siglo XX, la segunda oleada feminista.
En esta línea del tiempo podéis comprobar el año en que fue aprobado el sufragio femenino en los distintos países del mundo:
La actividad consiste en realizar una breve redacción sobre las reivindicaciones del movimiento feminista en los siglos XIX y XX utilizando tanto las situaciones reflejadas en el film Sufragistas como las ideas contenidas en los textos incluidos en la entrada.
Puedes confeccionar tu redacción contestando a las siguientes cuestiones:
La lucha por la igualdad política. ¿Cuándo nació el movimiento sufragista y por qué? ¿Fueron ignoradas las mujeres durante las revoluciones liberales? ¿Qué métodos utilizados por las sufragistas se aprecian en la película? ¿Cuál es la actitud del gobierno británico hacia el movimiento sufragista? ¿Coincide con el trato que la Convención jacobina otorgó a las Ciudadanas Republicanas Revolucionarias?
La lucha por la igualdad en el trabajo. ¿Cómo eran las condiciones de trabajo en la lavandería en la que trabaja la protagonista del film, Maud Watts? ( En esta escena, Maud acude al Parlamento británico para declarar en la Comisión en la que se debate la aprobación del voto femenino y relata ante los parlamentarios las durísimas condiciones de trabajo de las empleadas en lavanderías) ¿Consideras que es comparable al relato de Soujourner Truth?
La lucha por la igualdad en el seno de la familia. ¿Cuál es la actitud del marido de Maud respecto a las ideas y acciones de su mujer? Compárala con la del resto de los maridos ¿Por qué la declaración de Seneca Falls criticó el concepto de matrimonio de la época?
Conclusión. ¿Cómo valorarías a la película como fuente para conocer la historia del movimiento sufragista? ¿Crees que las feministas del pasado se sentirían satisfechas con lo conseguido hasta hoy o consideras que sus demandas siguen vigentes?
Os dejo aquí las actividades de las que hablé en clase. Finalmente, son cuatro, aunque si me da tiempo añadiré alguna más. Sólo debéis realizar tres de ellas.
Suerte y feliz verano.
Actividad 1. La guerra civil de los Estados Unidos o Guerra de Secesión y la abolición de la esclavitud.
La guerra que los estadounidenses denominan "Civil War" estalló en 1861 después de que el candidato a la presidencia por el partido republicano Abraham Lincoln ganara las elecciones presidenciales celebradas en noviembre de 1860. Estados Unidos estaba dividida en dos mitades enormemente diferenciadas: El Sur era una sociedad aristocrática dominada por los grandes propietarios de las plantaciones de algodón en la que trabajaban esclavos en unas condiciones espantosas. El Norte, en cambio, era una sociedad industrial y urbana en la que la esclavitud era percibida como una institución repugnante.
La idea de que la esclavitud debía de ser abolida fue avanzando conforme pasaban las décadas, aunque los abolicionistas (así se les denominaba) también estaban divididos: una minoría, los radicales, planteaban la liberación de los esclavos por la fuerza si era preciso mientras que los moderados planteaban que debía prohibirse la esclavitud en los territorios que se iban conquistando en el oeste pero no eran partidarios de iniciar una guerra contra los estados del Sur. Abraham Lincoln, por ejemplo, siempre había manifestado su desprecio hacia la esclavitud pero nunca se había mostrado partidario de obligar a los estados del sur a eliminarla por la fuerza.
La visión que tenía Lincoln sobre la esclavitud se resume bastante bien en esta carta que dirigió a un amigo de la juventud que poseía esclavos:
"Confieso que para mí es intolerable ver a esas desdichadas criaturas sujetas a toda clase de malos tratos y agotando sus fuerzas en un trabajo no pagado (...) En 1841 hicimos juntos una travesía a bordo de un vaporcito, desde Louisville hasta St. Louis. ¿Recuerdas los doce negros que en el iban sujetos a una cadena? Aquel espectáculo fue una constante tortura para mí (...) Mis ideas y sentimientos son absolutamente contrarios a la propagación de la esclavitud, y si esta profesión de fe sirve para separarnos, separémonos para siempre.."
La división entre abolicionistas radicales y moderados dejó de tener sentido tras estallar la guerra civil por la absoluta cerrazón de los sureños que decidieron romper con los Estados Unidos y crear su propio estado, la Confederación, cuando Lincoln llegó a la presidencia en 1861. Sencillamente, los dueños de esclavos no estaban dispuestos a admitir a un presidente que tuviera opiniones contrarias a la esclavitud y pudiera limitarla en algún aspecto.
Así, la guerra enfrentaba a la Unión (o sea, los Estados Unidos de América presididos por Lincoln) que formaban los estados del Norte, como Nueva York o Pensilvania, y a la Confederación que formaban los estados del Sur (como Georgia o Texas).
La causa principal de la guerra fue, inicialmente, la secesión de los estados del sur y, por tanto, el intento de mantener la Unión. Sin embargo, cuando fueron pasando los meses, el tema de la esclavitud pasó a ser el principal y los abolicionistas del norte exigían a Lincoln que diera pasos en ese sentido. Uno de los más conocidos era Horace Greeley, editor del New York Tribune, que en una carta abierta publicada en su periódico, recriminó a Lincoln que no hubiera liberado a los esclavos.
Lincoln le respondió así:
"Yo quiero salvar la Unión. quiero salvarla por el camino más corto, al amparo de la Constitución...Si hay quienes no quieren salvar la Unión si no destruyen la esclavitud al mismo tiempo, yo no estoy de acuerdo con ellos. Mi objeto supremo en esta lucha es salvar la Unión, no destruir o salvar la esclavitud."
Por tanto, Lincoln seguía defendiendo en público que la principal razón de la guerra era preservar la Unión. Sin embargo, en privado, redactaba borradores de una orden que aboliera la esclavitud en los estados rebeldes del sur. La idea era aprobarla cuando las tropas del norte consiguieran alguna victoria importante que diera confianza a su causa y restara apoyo a sus opositores que deseaban una paz con el Sur.
El 1 de enero de 1863 se proclamó la abolición de la esclavitud en una orden conocida como la Proclamación de la Emancipación de los esclavos americanos. La orden declaraba la abolición de los esclavitud en los estados que se habían rebelado contra la Unión y aprobaba la participación de los hombres negros en el ejército de la Unión:
"Yo, Abraham Lincoln, Presidente de los estados Unidos, notifico públicamente, en virtud del poder que como jefe supremo del Ejército y la Marina de los estados Unidos se me ha conferido durante la actual rebelión armada contra la autoridad y el Gobierno de los Estados Unidos, (..)
Que todas las personas tenidas como esclavos en los citados estados son libres y lo serán adelante; y que el gobierno de los estados Unidos, incluyendo las autoridades militares y navales, reconocerán y mantendrán la libertad de dichas personas.
Declaro además y hago público (..) que serán admitidos en el servicio militar de Estados Unidos.."
Meses después, tuvo lugar la batalla más sangrienta de la guerra en Gettysburg (Pensilvania) que se saldó con la decisiva victoria de las tropas de la Unión. En noviembre de ese mismo año, Lincoln visitó Gettysburg para rendir homenaje a los fallecidos en la batalla y pronunció, ante las tumbas de los soldados, el discurso más recordado de los que dio en su vida.
Discurso de Gettysburg. 19 de noviembre 1863.
Ochenta y siete años ha, nuestros padres crearon en este
continente una nueva nación, concebida bajo el signo de la
libertad y consagrada al principio de que todos los hombres
nacen iguales.
Estamos ahora envueltos en una vasta guerra civil que pone a
prueba la idea de que esa nación, o cualquier otra así
concebida y consagrada, pueda por largo tiempo subsistir.
Nos hemos reunido en la escena de una de las grandes
batallas de esa guerra. Hemos acudido para dedicar parte del
campo de batalla a que sirva de última morada de quiénes
dieron sus vidas para que la nación viviese. (...) Los valientes, vivos aun o
muertos ya, que aquí combatieron, lo han consagrado muy
por encima de nuestros escasos poderes. El mundo apenas si
advertirá o recordará lo que aquí se diga, mas no podrá
olvidar jamás lo que aquí hicieron aquellos. A los vivos nos
corresponde, ante todo, dedicarnos a completar la obra que
tan noblemente adelantaron los que aquí combatieron (..) que
esta nación, bajo la guía de Dios, vea renacer la libertad, y
que el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo no
desaparezca de la faz de la tierra.
A) Observa el mapa y explica que estados apoyaron a la Confederación y cuales continuaron leales a la Unión.
B) Explica las consecuencias de la Proclamación de emancipación.
C) Lee los documentos y enumera cuales fueron los principales ideales de Lincoln.
Actividad 2. La Revolución Rusa.
Cuando en 1917 estalló la revolución rusa, los bolcheviques consiguieron conectar con las demandas del pueblo ruso ("pan y paz") y, finalmente, llegar al poder en octubre en un proceso que estudiamos en clase. Sin embargo, la revolución no generó la dictadura del proletariado de la que habló Marx sino que instauró una dictadura del partido bolchevique, producida, entre otras razones, por la guerra civil que viviría Rusia a partir de 1918.
Esta dictadura fue criticada por el resto de los grupos que habían participado en el proceso revolucionario. Un ejemplo de estas críticas fue la realizada por el veterano pensador anarquista Kropotkin que escribió a Lenin, líder del partido bolchevique, la siguiente carta:
4 de marzo de 1920
Aún si la dictadura del proletariado fuera un medio apropiado para enfrentar y poder derruir al sistema capitalista, lo que yo dudo profundamente, es definitivamente negativo, inadecuado para la creación de un nuevo sistema socialista. Lo que si es necesario son instituciones locales, fuerzas locales; pero no las hay, por ninguna parte. En vez de eso, dondequiera que uno voltea la cabeza hay gente que nunca ha sabido nada de la vida real, que está cometiendo los más graves errores por los que se ha pagado un precio de miles de vidas y la ruina de distritos enteros.
Sin la participación de fuerzas locales, sin una organización desde abajo de los campesinos y de los trabajadores por ellos mismos, es imposible el construir una nueva vida.
Pareció que los soviets iban a servir precisamente para cumplir esta función de crear una organización desde abajo. Pero Rusia se ha convertido en una República Soviética sólo de nombre. La influencia dirigente del "partido" sobre la gente, "partido" que está principalmente constituido por los recién llegados -pues los ideólogos comunistas están sobre todo en las grandes ciudades, ha destruido ya la influencia y energía constructiva que tenían los soviets. En el momento actual, son los comités del partido, y no los soviets, quienes llevan la dirección en Rusia. Y su organización sufre los defectos de toda organización burocrática.
Para poder salir de este desorden mantenido, Rusia debe retomar todo el genio creativo de las fuerzas locales de cada comunidad, las que, según yo lo veo, pueden ser un factor en la construcción de la nueva vida. (...). Si la situación presente continúa, aún la palabra "socialismo" será convertida en una maldición.
Actividad 3. Las consecuencias del Imperialismo en la actualidad.
A comienzos del siglo XX, las potencias europeas dominaban el planeta. El mundo en 1914 era así:
Después de la II Guerra Mundial, se produjo la descolonización, un proceso lento que abarcó varias décadas y no ha finalizado aún (recordad el caso del Sáhara Occidental):
Sin embargo, la independencia política de los países del sur no ha traído consigo su independencia económica respecto a Occidente. África, por ejemplo, sigue siendo dependiente del capital y la tecnología occidentales, sus recursos siguen siendo explotados por multinacionales europeas o norteamericanas y su población sigue sufriendo las consecuencias del subdesarrollo:
A todos estos problemas, habría que añadirles el de la guerra. Los conflictos armados que se producen en el mundo tienen como objetivo, en gran medida, el control de recursos muy preciados, como el petroleo en Iraq o el coltán en África Central:
E) Localiza las coincidencias entre los países que fueron antiguas colonias y los países en los que existe un alto porcentaje de personas bajo el umbral de la pobreza.
F) Localiza las coincidencias entre los países que fueron antiguas colonias y los países en los que se producen en la actualidad conflictos armados.
G) Con la ayuda de la entrada El Imperialismo. Consecuenciasdescribe las consecuencias del imperialismo que se observan en los mapas.
Actividad 4. La oleada feminista de los años 60 y 70
Durante el curso vimos como el feminismo tuvo un momento de avance significativo durante los años 20. Por desgracia, tras la crisis de los años 30 y el estallido de la Segunda Guerra Mundial, se produjo un retroceso que no se reparó hasta el surgimiento de las oleadas feministas de las décadas de los 60 y 70. El contexto de este nuevo feminismo es el de los movimientos sociales de la época (pacifismo, ecologismo, antirracismo..) de los que es, probablemente, el más relevante y duradero.
En aquellos años nace la distinción entre feminismo liberal y feminismo radical. Este último se caracteriza por fijar la definición de patriarcado, concepto que seguimos escuchando hoy en día, y que designa a un sistema de dominación sobre la mujer. Las feministas radicales plantean que la emancipación de las mujeres va más allá de su integración en el ámbito laboral o político (como plantean las liberales) y hacen hincapié en el control de las mujeres sobre su propio cuerpo y su sexualidad. Llevan la liberación de la mujer al terreno de lo privado, lo familiar, lo doméstico, etc. y, por tanto, persiguen acabar con la supremacía masculina tanto en la esfera pública ( la política, por ejemplo) como en la privada.
Una precursora del movimiento fue la francesa Simone de Beauvoir que agitó a la sociedad europea de la postguerra con su obra El segundo sexo, publicada en 1949. La obra plantea que la condición femenina es un producto de la sociedad, algo aprendido.
Otras autoras destacadas son Kate Millet que publicó Política Sexual en 1970 y la activista afroamericana Angela Davis. La obra más célebre de Davis es Mujeres, raza y clase (1981)
Algunas de las frases más difundidas de las autoras más significativas de la época son estas:
"El feminismo es una forma de vivir individualmente y de luchar colectivamente"
"No se nace mujer: se llega a serlo"
"El feminismo será antirracista o no será"
"Lo personal es político"
"El feminismo es la idea radical que defiende que las mujeres somos personas."
"El privilegio económico que disfrutan los hombres, su valor social, el prestigio del matrimonio, la utilidad de un apoyo masculino, todo empuja a las mujeres a desear ardientemente gustar a los hombres. Siguen estando en su conjunto en posición de vasallaje. El resultado es que la mujer se conoce y se elige, no en la medida en que existe para sí, sino tal y como la define el hombre".
"Hay que actuar como si fuera posible transformar radicalmente el mundo. Y tienes que hacerlo todo el tiempo."
Hoy en día, con el nuevo impulso del movimiento feminista, muchas de las aspiraciones tanto del feminismo liberal como del radical, especialmente de este último, siguen vigentes. El 8 de marzo de 2018 se vivió una de esas experiencias que se suelen denominar como "histórica", una huelga internacional feminista que en España tuvo un seguimiento masivo.
El manifiesto de las organizaciones feministas convocantes reclamaba lo siguiente:
JUNTAS SOMOS MÁS. Cada 8 de Marzo celebramos la alianza entre mujeres para defender nuestros derechos conquistados. Fue la unión de muchas mujeres en el mundo, la que consiguió grandes victorias para todas nosotras y nos trajo derechos que poseemos hoy. (...)
La sororidad es nuestra arma; es la acción multitudinaria la que nos permite seguir avanzando. La fecha del 8 de marzo es nuestra, internacional y reivindicativa.
Hoy, 8 de Marzo, las mujeres de todo el mundo estamos convocadas a la HUELGA FEMINISTA.
Nuestra identidad es múltiple, somos diversas. Vivimos en el entorno rural y en el entorno urbano, trabajamos en el ámbito laboral y en el de los cuidados. Somos payas, gitanas, migradas y racializadas. Nuestras edades son todas y nos sabemos lesbianas, trans, bisexuales, inter, queer, hetero… Somos las que no están: somos las asesinadas, somos las presas. Somos TODAS. Juntas hoy paramos el mundo y gritamos: ¡BASTA! ante todas las violencias que nos atraviesan.
(...)
Somos las que reproducen la vida. El trabajo doméstico y de cuidados que hacemos las mujeres es imprescindible para el sostenimiento de la vida. Que mayoritariamente sea gratuito o esté devaluado es una trampa en el desarrollo del capitalismo. Hoy, con la huelga de cuidados en la familia y la sociedad, damos visibilidad a un trabajo que nadie quiere reconocer, ya sea en la casa, mal pagado o como economía sumergida. Reivindicamos que el trabajo de cuidados sea reconocido como un bien social de primer orden, y exigimos la redistribución de este tipo de tareas.
(..)
Hoy reivindicamos una sociedad libre de opresiones, de explotación y violencias machistas. Llamamos a la rebeldía y a la lucha ante la alianza entre el patriarcado y el capitalismo que nos quiere dóciles, sumisas y calladas.
No aceptamos estar sometidas a peores condiciones laborales, ni cobrar menos que los hombres por el mismo trabajo. Por eso, hoy también hacemos huelga laboral.
Huelga contra los techos de cristal y la precariedad laboral, porque los trabajos a los que logramos acceder están marcados por la temporalidad, la incertidumbre, los bajos salarios y las jornadas parciales no deseadas. Nosotras engrosamos las listas del paro. Muchos de los trabajos que realizamos no poseen garantías o no están regulados. Y cuando algunas de nosotras tenemos mejores trabajos, nos encontramos con que los puestos de mayor salario y responsabilidad están copados por hombres. La empresa privada, la pública, las instituciones y la política son reproductoras de la brecha de género.
¡BASTA! de discriminación salarial por el hecho de ser mujeres, de menosprecio y de acoso sexual en el ámbito laboral.
Denunciamos que ser mujer sea la principal causa de pobreza y que se nos castigue por nuestra diversidad. La precariedad se agrava para muchas de nosotras por tener mayor edad, ser migrada y estar racializadas, por tener diversidad funcional o una imagen alejada de la normatividad. Reivindicamos que nuestra situación laboral nos permita desarrollar un proyecto vital con dignidad y autonomía; y que el empleo se adapte a las necesidades de la vida: el embarazo o los cuidados no pueden ser objeto de despido ni de marginación laboral, ni deben menoscabar nuestras expectativas personales ni profesionales.
(...)
Exigimos ser protagonistas de nuestras vidas, de nuestra salud y de nuestros cuerpos, sin ningún tipo de presión estética. Nuestros cuerpos no son mercadería ni objeto, y por eso, también hacemos huelga de consumo. ¡Basta ya de ser utilizadas como reclamo!
(..)
Exigimos un avance en la coeducación en todos los ámbitos y espacios de formación y una educación que no relegue nuestra historia a los márgenes de los libros de texto; y en la que la perspectiva de género se transversal a todas las disciplinas. ¡No somos una excepción, somos una constante que ha sido callada!
H) Relaciona a las autoras con cada una de las frases anteriores.
I) Explica el significado de la frase "El feminismo es una forma de vivir individualmente y de luchar colectivamente"
J) Resume brevemente los objetivos y aspiraciones del movimiento feminista desde los años 60 del siglo XX hasta la actualidad.
En 1928, la celebre escritora Virginia Woolf fue invitada a impartir unas conferencias en las secciones femeninas de la Universidad de Cambridge en las que formuló su famosa tesis sobre lo que una mujer necesitaba para poder escribir una novela: "500 libras al año y una habitación propia". El contenido de las conferencias se publicó en un libro, Un Cuarto Propio, que se convertiría en uno de los libros esenciales del siglo XX. Woolf repasa la historia de la literatura realizada por mujeres y llega a la conclusión de que su dependencia económica respecto a los hombres y la invisibilización de sus obras son las causas de que nos hayan llegado tan pocos escritos producidos por mujeres de los siglos anteriores al XX.
Hay un momento especialmente interesante en este ensayo, cuando se describe como las estanterías de la biblioteca del Museo Británico de libros sobre mujeres escritos por hombres:
"¿Teníais idea de la cantidad de libros sobre las mujeres que se escriben a lo largo de un año? Teníais idea de cuantos los escriben hombres?
(...) ¿Por qué, a juzgar por este catálogo, las mujeres les resultan mucho más interesantes a los hombres que los hombres a las mujeres?"
Detrás de esta preocupación, Woolf encuentra una reacción despectiva, en algunos casos, y agresiva en otros, de esos autores ante cualquier aspecto de la vida social en el que se produzca la intervención de las mujeres, especialmente en el de las artes y letras, y se pregunta:
"¿Cómo explicar la ira de los profesores? ¿Por qué estaban enfadados?"
Esta ira que señala Woolf es una de las respuestas que había acompañado a todo intento de avance de las mujeres en la sociedad occidental desde el comienzo de la Edad Moderna y era la base de la violencia ejercida sobre las mujeres.
Vamos a intentar trazar un esquema histórico de la evolución de esa ira.
¿De dónde viene la ira?
La historiadora especializada en la antigua Roma Mary Beard, en su libro Mujeres y Poder, escarbó en las raíces de la civilización occidental para intentar localizar el origen de la misoginia en nuestra cultura. Beard analizó mitos y narraciones procedentes de la Grecia clásica para exponer como las mujeres fueron apartadas de la vida pública y encerradas en el ámbito doméstico bajo el atento dominio de los hombres. Uno de los ejemplos que utiliza es el de Penélope, mujer de Ulises, héroe de la Odisea, que, a causa de la ausencia de su esposo, es rodeada por numerosos pretendientes en su propio palacio; un día, Penélope se queja del tema del poema que se estaba recitando en el salón de su palacio para distraer a sus pretendientes. Es su propio hijo, Telémaco, quien la manda callar y le recuerda que en casa manda él y que como mujer no tiene derecho a opinar sobre lo que decidan los hombres. Lo más revelador de la historia es que Beard compara las reacciones, a menudo enormemente agresivas, que levantan en nuestros días las intervenciones públicas de políticas como Merkel o Hillary Clinton y detecta como todavía en la sociedad actual se sigue cuestionando la participación en la vida pública de las mujeres.
Benvenuto Cellini, Perseo con la cabeza de la Medusa. Florencia, Plaza de la Signoria
Más cruel todavía es el mito de la Medusa, una hermosa mujer que fue violada por el dios Poseidón y, después de ello, castigada por el mismo dios que la transformó en un monstruo con serpientes en lugar de cabellos. El castigo proporcionado a la Medusa por un crimen del que no fue culpable sino victima inaugura una tradición cultural que culpabiliza a la mujer de las agresiones que sufren sus cuerpos.
La conclusión que sacamos es evidente: ni la misoginia ni la violencia de género son fenómenos nuevos. Están presentes en la cultura occidental desde sus inicios y siguen una lógica aplastante; la misoginia es la pauta común a la hora de describir a las mujeres y a sus capacidades; la misoginia justifica y legitima la violencia sobre estas; la violencia es un instrumento utilizable para mantener el dominio de los hombres sobre las mujeres de su familia, primero, y del resto de la sociedad, por extensión. Este dominio es lo que denominamos Patriarcado.
Las versiones modernas de la misoginia y de la violencia de género proceden de los siglos XV y XVI. En estos siglos, los siglos del Renacimiento y del apogeo del Humanismo, se planteó de nuevo la cuestión de la definición del ser humano. El David de Miguel Ángel (como vimos en clase ) o el Discurso sobre la dignidad del Hombre del humanista florentino Pico della Mirandola son exponentes de ello, de esa visión antropocéntrica del mundo y de la idea optimista sobre el ser humano que contenía.
Es natural que en este contexto se revisara también la visión que sobre la mujer se había heredado de la Edad Media, surgiendo, por tanto, un debate sobre la capacidad intelectual de las mujeres. Este debate fue conocido como la Querella de las Mujeres (Querelle des Femmes) y enfrentó a personalidades intelectuales de toda Europa.
El texto más conocido de esta discusión es La Ciudad de las Damas, escrito por la francesa Cristina de Pizán en 1405. Esta mujer se hacía ya la misma pregunta que siglos después formularía Virginia Woolf:
"Me preguntaba cuáles podrían ser las razones que llevan a tantos hombres, clérigos y laicos, a vituperar a las mujeres, criticándolas bien de palabra bien en escritos y tratados. (...)"
Pizán consideraba que el alma de la mujer es igual que la del hombre y su cuerpo igual que perfecto, por lo que las mujeres no carecen de inteligencia, y la causa de su posición inferior en la sociedad a la de los hombres había que buscarla en otro sitio que no fuera la naturaleza. Lo que ocurría, según Pizán, es que las mujeres "no pueden ocuparse de tantas cosas distintas (...) permanecen en su casa y se conforman con atender a sus labores domésticas" No era la naturaleza lo que hacía diferentes a hombres y a mujeres, sino el desigual reparto de roles. Por lo tanto, "si las niñas asistieran a la escuela y se les dejara estudiar las ciencias, lo mismo que a los niños, aprenderían igual de bien que ellos y entenderían las mayores sutilezas de todas las artes y las ciencias", concluía.
Chistine de Pizán retratada en una miniatura de su obra Cien Baladas. Fuente :https://historia.nationalgeographic.com.es/a/christine-pizan-feminista-siglo-xv_14729
A) La misoginia en la Europa moderna
Los textos que justifican la violencia y la misoginia son la respuesta masculina a los textos producidos por las mujeres que reivindican un lugar para ellas en los espacios públicos. Esta misoginia se fundamentaba en varios argumentos. Podemos resumirlos en dos:
1) El religioso que legitima la desigualdad de géneros en la voluntad de Dios y utiliza argumentos teológicos extraídos tanto de las escrituras como de la tradición eclesiástica.
2) El que intenta justificar en la ley natural la desigualdad de géneros en virtud de una supuesta superioridad natural del hombre. Es el propio de autores como Locke o Rousseau.
Algunos fragmentos de escritos atribuidos a autoridades de la iglesia pueden mostrarnos cuales eran los argumentos utilizados para justificar el desprecio al género femenino. San Ambrosio, por ejemplo, decía que:
"es la mujer puerta del Diablo, camino de maldad, mordedura de escorpión...un sexo dañosísimo, que a donde se acerca encienden de fuego...de la mala se ha de huir, y de la buena se ha de recatar"
San Máximo no le andaba a la zaga:
"Que la mujer es perdición del hombre, tempestad de una casa, impedimento de gente quieta, cautiverio de vidas, guerra voluntaria, y continua, bestia feroz, leona, que con sus brazos quita la vida, animal lleno de malicia."
En el Antiguo Testamento, sin ir más lejos, encontramos el origen de todas las acusaciones dirigidas contra el género femenino:
"Ella fue la que introdujo el pecado en todos los hijos de Adán, y causa de la muerte del genero humano" Eclesiástico (25:23)
No era raro, por tanto, que los teólogos españoles del siglo XVII explicaran que la mujer es el instrumento preferido del demonio, como es el caso de Gaspar Navarro, que afirmaba:
"..son más imaginativas que los hombres, pues como tengan ellas menos juyzio y discurso, y menos prudencia, más se inclina el Demonio a engañar a las mujeres"
El argumento religioso no era incompatible con el menosprecio a la naturaleza de las mujeres. De hecho, como el texto último ejemplifica, ambas cosas estaban unidas en sus mentes y era la condición natural que atribuian a las mujeres lo que las hacía proclives al mal. Con la aparición de la Ilustración en el siglo XVIII y el apogeo del racionalismo, las alusiones al diablo dejaron de tener tanta presencia pero eso no significó que la misoginia decayera. Más bien, lo que derivó es en el intento de justificar intelectualmente la desigualdad de género. El misógino más célebre del XVIII fue Rousseau, que incluyó este texto en Emilio, su tratado sobre la educación publicado en 1762:
"El sostener de una manera vaga que son iguales los dos sexos y que tienen las mismas obligaciones, es perderse en manifestaciones vanas, sin decir nada que no se pueda rechazar. (...)
Agradarles, serles útiles, hacerse amar y honrar de ellos, educarlos cuando niños, cuidarlos para mayores, aconsejarlos, consolarlos, hacerles grata y suave la vida son las obligaciones de las mujeres en todos los tiempos, y esto es lo que desde su niñez se les debe enseñar. (...) El hombre dice lo que sabe, y la mujer dice lo que agrada; el uno para hablar necesita conocimiento y la otra gusto; el principal objeto de él deben ser las cosas útiles, y el de ella las agradables. (...) Todo lo que tiende a generalizar las ideas, no es propio de mujeres; sus estudios se deben referir a la práctica, y les toca a ellas aplicar los principios hallados por el hombre y hacer las observaciones que le conducen a sentar principios."
Estos presuntos argumentos racionalistas estuvieron muy extendidos en la época. Virginia Woolf cito esta frase del poeta Alexander Pope: "La mayoría de las mujeres carecen por completo de carácter." En Un Cuarto Propio, Woolf atribuye al deseo de los hombres de sentirse superiores su misoginia, de ahí vendría su necesidad de denigrar a las mujeres; insistir en la inferioridad de las mujeres es la única forma de justificar su falsa superioridad:
" De ahí la enorme importancia que tiene para un patriarca que ha de conquistar, que ha de gobernar, el sentir que gran cantidad de gente - la mitad de la raza humana, en realidad- es por naturaleza inferior a él. (...)Durante todos estos siglos, las mujeres han servido de espejos dotados del mágico y delicioso poder de reflejar la figura del hombre al doble de su tamaño natural. (..) Es por eso que tanto Napoleón como Mussolini insisten en la inferioridad de las mujeres , porque, si ellas no fuesen inferiores, ellos dejarían de engrandecerse."
B) La justificación de la violencia
La violencia de género y, específicamente, la violencia del marido contra la mujer, pasó a ser un tema importante de discusión a partir del final de la Edad Media cuando la economía feudal fue, poco a poco, sustituida por el régimen señorial y la economía de mercado fue ganando terreno. Tras la Peste Negra, la edad media en que se contraía matrimonio subió en Europa y había un alto porcentaje de hombres solteros. Además, la imposición de la obligación de aportar una dote surgió en estos siglos, con lo que para los padres se encareció el matrimonio de sus hijas y se reforzó el poder del varón sobre los bienes del matrimonio. Ser hombre se convirtió en una enorme ventaja entre los medios burgueses y, entre los campesinos, los cambios socioeconómicos que conllevaron el fin de la servidumbre y la necesidad de trabajar para el mercado perjudicaron a las mujeres sin recursos, por lo que el matrimonio se vio como una obligación, ya que una mujer sola estaba destinada a la pobreza y la mendicidad.
El matrimonio pasó a ser una cuestión civil y el estado absoluto y centralizado de los siglos XVII y XVIII tomó el control sobre la institución matrimonial, arrebatándoselo a la iglesia y legislando sobre las relaciones conyugales, la herencia, etc. En este estado de cosas, el marido debía de regir sobre el hogar, igual que el rey lo hacía sobre la sociedad, (el rey, padre de todos sus súbditos) y el Dios-Padre sobre todas las cosas del mundo.
En este nuevo modelo socioeconómico, la cuestión de la natalidad era esencial y, por ello, el control sobre el cuerpo de las mujeres y su capacidad reproductiva era tan importante para el sistema. Por esta razón, el matrimonio pasó a ser tan importante: aseguraba la transmisión de la propiedad, el crecimiento de la natalidad y, gracias al dominio del marido, la apropiación por los hombres del trabajo y del cuerpo de las mujeres.
En el siglo XVI, cuando surgió el debate que denominamos "la Querella de las Mujeres", la cuestión de la mujer es inseparable del debate sobre el matrimonio y, de la misma forma que se apelaba a la tradición cristiana y a la ley natural para justificar la desigualdad de la mujer, se hacía para legitimar la desigualdad dentro del matrimonio y la distinción de roles entre marido y esposa.
La importancia de la mujer dentro del matrimonio se explica así según Fray Luis de León:
"Los fundamentos de la casa son la mujer y el buey: el buey para el que are y la mujer para que guarde"
La división de papeles dentro del matrimonio está clara para Fray Hernando de Talavera:
"Porque comúnmente las mujeres están y fueron hechas para estar encerradas e ocupadas en sus casas, y los varones para andar e procurar las cosas de fuera"
El hombre debía gobernar a la mujer con los medios que considerara necesarios. Así lo establecían, prácticamente, todos los teólogos de la España de los siglos XVI y XVII. El límite estaba en el homicidio, ya que se consideraba que el marido no tenía derecho a matar a su mujer, ya que ese castigo sólo podía infringirlo la justicia del rey, el único que en la sociedad del Antiguo Régimen tenía derecho a disponer sobre la vida y muerte de sus súbditos. Había excepciones, claro, como el manual escrito por el fraile y predicador Fray Jaime de Corella, que defendió la absolución del marido que matase a su esposa, o a cualquier otra mujer, en los siguientes casos:
"... no se condena ni será pecado, si el marido de su propia autoridad matase a su mujer hallada en adulterio actual, si lo hiciese llevado de movimiento primero de ira, sin advertencia alguna; y si fuese sólo semiplena, sería sólo pecado venial; y lo mismo digo del que mató con el mismo movimiento de ira a la hija, madre o hermana.."
En el siglo XVIII, al igual que sucedió con los argumentos misóginos, hubo un cambio, por lo menos en el mundo anglosajón, en el que triunfó el liberalismo. La Ilustración atacó la idea de la monarquía absoluta; el rey ya no debía gobernar por ser el "padre", sino que el gobierno debía de ser consentido por los ciudadanos. Esto no significó que las mujeres debieran estar libres del gobierno masculino. Lo que hizo el liberalismo de los siglos XVII y XVIII fue modificar este argumento por el cual el varón debía gobernar sobre la mujer en calidad de padre. Para Locke, el matrimonio no era una institución política y, por lo tanto, pública, sino privada, por lo que la autoridad del marido debía fundamentarse en que "era la parte más fuerte y más capacitada" Para la historiadora Gisela Bock, esto significó que a partir de aquí se pasa de la autoridad del padre a la autoridad del varón.
De nuevo, como vimos antes con Rousseau, se utilizaba el pretexto de la "razón" y de la "ley natural" para justificar el dominio de los hombre sobre las mujeres dentro de la casa o de la propiedad. En las colonias inglesas en América del Norte, por ejemplo, los padres de familia ejercieron un poder omnímodo sobre sus esposas, hijas y criadas. Muchas de estas eran mujeres muy jóvenes llevadas a América a trabajar en condición de servidumbre, compradas a sus padres cambio del coste del viaje en barco desde Inglaterra. Dado que las leyes inglesas permitían el castigo corporal, sus condiciones de trabajo eran horribles, a lo que hay que unir, en muchos casos, el sufrimiento de abusos sexuales, algo especialmente grave y frecuente si se trataba de mujeres esclavas de origen africano.
En este contexto, la independencia y libertad de las mujeres era casi una quimera. Ser madre fuera del matrimonio, por ejemplo, estaba criminalizado. En 1747, una mujer llamada Polly Baker fue procesada en Conneticut por tener 5 hijos bastardos. Ella se defendió arguyendo que:
"..no puedo concebir cual es la naturaleza de mi delito. A riesgo de mi vida, he traído al mundo cinco maravillosos niños; los he mantenido bien con mi propio trabajo, sin depender de mis conciudadanos, y lo hubiera hecho mejor si no fuera por las duras cargas y las multas que he pagado..ni tiene nadie la más menor queja contra mí, excepto, quizás, los ministros de la justicia, porque he tenido hijos sin estar casada, con lo cual se perdieron una tasa de matrimonio. ¿Pero puede ser esta mi culpa?"
El castigo a las mujeres que rompen ese esquema de dominación es el motivo en ultima instancia que explica el mayor y más sangriento episodio de persecución a las mujeres de la historia moderna de Europa: la Caza de Brujas. Se extendió entre los siglos XVI y XVIII en Europa y América del Norte y alcanzó una cifra de personas ejecutadas que sobrepasa las 50.000. Aunque hubo hombres que sufrieron la persecución, el destinatario principal fueron las mujeres, por lo que se puede hablar de un feminicidio masivo. Según autoras como Silvia Federici, la causa de este fenómeno había que buscarla en la ambición del capitalismo naciente por fomentar el crecimiento de la natalidad, garantizando así la disponibilidad de mano de obra. Esto chocaba con la mentalidad tradicional de las comunidades campesinas. La persecución de las brujas, mujeres mayores, principalmente, muchas de ellas parteras y que ejercían cierto liderazgo entre la comunidad, sirvió para imponer el poder del estado sobre el campesinado.
Lo asombroso del caso es que intelectuales como el francés Jean Bodin defendieran la persecución de la brujería y creyeran posibles las cosas que se contaban en las actas: aquelarres, pactos con el diablo...La misoginia del discurso dominante en la cultura europea lo facilitaba, sin duda.
Matteson, T., Examen de una bruja (1853)
Para cualquier mujer nacida antes del siglo XX, dedicarse a las letras o a las ciencias, disponer de sus bienes, hablar en público, recibir el beneficio de su propio trabajo, decidir sobre su maternidad,,, fue poco más que una fantasía. Virginia Woolf afirmó que:
"..cualquier mujer que naciera con un gran talento en el siglo XVI, con seguridad se volvería loca, se habría suicidado, o acabaría sus días en una choza solitaria fuera del pueblo, se habría suicidado, o acabaría sus días en una choza solitaria fuera del pueblo, medio bruja, medio maga, temida y burlada."
Esta desgracia es una de las herencias más significativas del pasado y no tenemos derecho a ignorarla en nuestras clases de historia. Por ello, seguiremos trabajando el tema en futuras entradas como esta: Revolucionarias y sufragistas. La Lucha por la igualdad
Descripción de la tarea
La actividad consiste en realizar una breve redacción sobre las raíces de la violencia de género en nuestra cultura, utilizando tanto las las ideas contenidas como los textos incluidos en la entrada. Puedes utilizar otras fuentes (libros, imágenes, etc.) indicando siempre su procedencia.
Puedes confeccionar tu redacción contestando a las siguientes cuestiones:
El origen de la misoginia. ¿Cuando se originó? ¿Qué argumentos se dan en contra de las mujeres? ¿Quienes los producen?
La justificación de la violencia ejercida sobre las mujeres. ¿Por qué es importante la institución del matrimonio para explicar el dominio sobre las mujeres? ¿qué defendía la iglesia? ¿Cambió la situación con la aparición del liberalismo?
La reivindicación de la igualdad. ¿Qué argumentos se utilizaban para defender a las mujeres frente a la misoginia? ¿Quién fue Christine de Pizán? Puedes buscar información sobre otras mujeres interesantes como maría de Zayas.
Conclusión. ¿Cómo valoras los argumentos expuestos? ¿Te han sorprendido? ¿Crees que el estudio de estos temas puede contribuir a la lucha por la igualdad de género?