Durante el primer trimestre, analizamos como se configuraba en la sociedad europea durante la edad moderna el dominio del género masculino sobre el femenino, como se legitimaba la violencia de género y como algunas mujeres como Cristina de Pizán intentaron rebatir esos argumentos en un debate que se denominó "la Querella de las Mujeres" y que atravesó la cultura europea de los siglos XV, XVI y XVII. A esa actividad, recogiendo la expresión de Virginia Woolf, la denominamos "¿De dónde viene la ira?"
El segundo trimestre lo comenzamos visionando en clase el film Sufragistas. Vamos a partir de esta película para estudiar la evolución de la lucha por la igualdad durante los siglos XIX y el primer tercio del XX, tiempo que se corresponde con los temas que hemos estudiado en clase en los últimos meses (Revolución industrial, Movimiento Obrero, etc.)
La actividad a realizar está enlazada al fin de la entrada, pero antes es conveniente repasar brevemente la evolución del feminismo en esos años.
Contexto. La lucha por la igualdad en el siglo XIX
En el siglo XVIII, el debate intelectual sobre la capacidad intelectual de la mujer no se había cerrado aún. La Ilustración, por tanto, lo heredó. El problema radica en que siendo un movimiento cultural que tenía a la razón como estandarte, la Ilustración no solventó la cuestión ni supuso un avance significativo en la conquista del espacio público por las mujeres, más bien lo contrario. De hecho, representantes del pensamiento ilustrado tan importantes como Rousseau reprodujeron los mismos argumentos misóginos que vimos en los siglos anteriores. Hubo, al igual que en los siglos anteriores, hombres que abogaron por lo que hoy denominaríamos igualdad de género, siendo Condorcet, quizá, el más señalado, pero, en general, se puede afirmar que el proceso de racionalización que protagonizó el siglo XVIII, el siglo de las Luces, no desplazó a la misoginia.
La supuesta inferioridad del género femenino se fundamentó para Rousseau en la propia herencia de la naturaleza que había establecido las diferencias entre ambos sexos, como se desprende de esta cita de su obra Emilio:
"El sostener de una manera vaga que son iguales los dos sexos y que tienen las mismas obligaciones, es perderse en manifestaciones vanas, sin decir nada que no se pueda rechazar. (...)
Agradarles, serles útiles, hacerse amar y honrar de ellos, educarlos cuando niños, cuidarlos para mayores, aconsejarlos, consolarlos, hacerles grata y suave la vida son las obligaciones de las mujeres en todos los tiempos, y esto es lo que desde su niñez se les debe enseñar. (...) El hombre dice lo que sabe, y la mujer dice lo que agrada; el uno para hablar necesita conocimiento y la otra gusto; el principal objeto de él deben ser las cosas útiles, y el de ella las agradables. (...) Todo lo que tiende a generalizar las ideas, no es propio de mujeres; sus estudios se deben referir a la práctica, y les toca a ellas aplicar los principios hallados por el hombre y hacer las observaciones que le conducen a sentar principios."
La respuesta a Rousseau la proporciona Mary Wollstonecraft, autora de uno de los hitos de la literatura feminista, Vindicación de los derechos de la mujer (1792). Wollstonecraft le va a dar la vuelta a los postulados misóginos de Rousseau, atribuyendo el origen de las diferencias entre los géneros a la exclusión de las mujeres de la educación científica y humanística, por lo que la igualdad en el acceso a la educación debía ser la llave que garantizara la conquista de la esfera pública por las mujeres.
"¿Quién ha erigido al hombre como único juez, si la mujer comparte con él el don de la razón?"
(...)
"Probablemente yo he tenido la oportunidad de observar más niñas en su infancia que J.J. Rousseau. Puedo recordar mis propios sentimiento y he observado a mi alrededor con detenimiento. Sin embargo, lejos de coincidir con su opinión respecto a los primeros albores del carácter femenino, me aventuraré a afirmar que una niña a quien no se le haya apagado el espíritu por la inactividad o se le haya teñido la inocencia con la falsa vergüenza, siempre será traviesa y que no le atraerán la atención las muñecas, a menos que el encierro no le permita otra alternativa. En pocas palabras, los niños y las niñas jugarían juntos sin peligro, si no se inculcara la distinción de sexos muchos antes de que la naturaleza haga alguna diferencia."
La obra de Wollstonecraft es importante en la historia de la lucha por la igualdad porque supone el puente entre la fase de la discusión intelectual que marcó la Querella de las Mujeres y la nueva fase que se inicia con la llegada de las revoluciones liberales, una fase que podríamos llamar política y jurídica y tiene su culminación en la conquista del voto femenino. Esta fase se caracteriza, fundamentalmente, por la aparición de un movimiento de naturaleza política, el sufragismo, que reclamará para el género femenino, el espacio político y social que las revoluciones, fundadas en los principios de igualdad legal y libertad individual, negaron a las mujeres.
La revolución americana que consagró la primera democracia occidental de la historia contemporánea negó a las mujeres cualquier posibilidad de participación en el naciente sistema político, forjando al sufragio universal masculino como el instrumento de monopolización de la representación política por los hombres. El peligro que, para las mujeres, suponía la afirmación legal del privilegio masculino de la participación política movilizó a mujeres como Abigail Adams que, en los momentos previos a la aprobación de la Constitución, escribió a su marido, John Adams, futuro presidente de los Estados Unidos, recordándole que:
"...en
el nuevo código de leyes que supongo que será necesario que
redactéis..no hay que poner un poder sin límite en manos de los esposos.
Recordad que todos los hombres serían tiranos si pudieran. Si no se
presta un cuidado y una atención especial a las damas, estamos
dispuestas a fomentar una rebelión, y no nos consideramos obligadas a
obedecer las leyes en que no tengamos representada nuestra voz."
Durante la Revolución Francesa, se vivió el mismo proceso. La afirmación de los derechos de igualdad legal, gobierno representativo, derechos individuales, etc., no conllevó una negación de los privilegios masculinos en ninguno de los ámbitos en los que estos se ejercían. Las mujeres quedaron excluidas del sistema político creado y su condición de ciudadanas no fue reconocida por la Asamblea Nacional.
Esta exclusión es especialmente grave si tenemos en cuenta el enorme protagonismo de las mujeres parisinas en acontecimientos de la revolución como la toma de la Bastilla o la marcha a Versalles para obligar al Rey a firmar la Declaración de Derechos de 1789.
Como las mujeres fueron ignoradas en la Declaración de Derechos aprobada por la Asamblea Nacional, en 1791 Olimpia de Gouges lideró la redacción y proclamación de una Declaración de Derechos de la Mujer y de la Ciudadana que pretendía la equiparación de derechos entre ambos géneros. El texto decía así:
«Las madres, las hijas, las hermanas, representantes de la Nación, solicitan ser constituidas en Asamblea Nacional. (...) el sexo superior, tanto en belleza como en valor —como demuestran los sufrimientos maternales— reconoce y declara, en presencia y bajo los auspicios del Ser Supremo, los siguientes Derechos de la Mujer y de la Ciudadana.
ARTÍCULO I. La mujer nace libre y permanece igual al hombre en derechos. (...).
ARTÍCULO II. El objetivo de toda asociación política es la conservación de los derechos naturales e imprescriptibles de la mujer y los del hombre; estos derechos son la libertad, la propiedad, la seguridad y, sobre todo, la resistencia a la opresión.
ARTÍCULO IV. La libertad y la justicia consiste en devolver todo cuanto pertenece a otros; así pues, el ejercicio de los derechos naturales de la mujer no tiene más limitaciones que la tiranía perpetua a que el hombre la somete; estas limitaciones deben ser modificadas por medio de las leyes de la naturaleza y de la razón."
Las revolucionarias francesas no se van a limitar a las exigencias políticas y van a intervenir en otros ámbitos, reclamando, por ejemplo, el derecho de las mujeres a participar en la guerra en defensa de revolución. No se trataba sólo, por tanto, de lograr la equiparación política con el género masculino, sino de romper también las relaciones de dependencia y subordinación de las mujeres con sus maridos o padres.
Las mujeres de la clase trabajadora urbana, (las trabajadoras de los mercados, por ejemplo) fueron especialmente activas durante la revolución, apoyando a la izquierda republicana. Las conocidas como sans-jupons (equivalentes a los sans-culottes masculinos) fueron el principal apoyo de organizaciones como las Ciudadanas Republicanas Revolucionarias, el principal club femenino de la etapa republicana. Esta organización fue alabada por los integrantes de la Comisión de Derechos Humanos de la Convención:
"Habéis
roto uno de los eslabones de la cadena de prejuicios. Aquel que
confinaba a las mujeres al angosto espacio de sus hogares, convirtiendo a
la mitad de las personas en seres pasivos y aislados ya no existe para
vosotras. Estáis ansiosas por ocupar vuestro puesto en el orden social,
la apatía os ofende y humilla."
Esta organización feminista intentó integrar las demandas de igualdad política reclamadas por las mujeres burguesas con las demandas sociales de las mujeres de los mercados y arrancó a la Convención importantes conquistas como el derecho de las mujeres a la propiedad, la aprobación del divorcio o la prohibición de la prostitución. Sin embargo, su papel no fue reconocido por las autoridades de la Convención que, en octubre de 1793 decretaron la clausura de los clubes femeninos. Días antes, Claire Lacombe, líder de las Ciudadanas Republicanas Revolucionarias, en un discurso en la Convención, intentó parar la prohibición:
"Nuestro
sexo tan sólo ha producido un monstruo (María Antonieta), pero
nosotras durante cuatro años hemos sido traicionadas y asesinadas por
innumerables monstruos de sexo masculino. Nuestros derechos son los del
pueblo, y si se nos oprime, sabremos como oponer resistencia a la
opresión"
En definitiva, tras las revoluciones liberales acaecidas a finales del XVIII y principios del XIX, la situación de las mujeres no sólo no mejoró, sino que sufrió un claro retroceso al continuar sumidas en la condición de súbditas mientras que los hombres alcanzaban la categoría de ciudadanos. Su sacrificio y sus aportaciones fueron, además, ignoradas. A pesar de que la revolución tenía una imagen femenina ( la de Mariannne, que personificaba a la República francesa) hoy casi nadie recuerda a las sans-jupons mientras que los sans-culottes figuran en casi todos los libros de texto de historia.
La libertad guiando al pueblo, obra de Delacroix. La libertad aparece representada como una mujer, popularmente conocida como Marianne.
En 1848, en el mismo año en que se publicó el Manifiesto Comunista de Marx y Engels o se produjo la tercera de las oleadas revolucionarias del siglo XIX, en la localidad estadounidense de Seneca Falls, se produjo un acontecimiento singular que, sin embargo, ha tenido mucha menos repercusión: la primera convención sobre los derechos de las mujeres. La convención tuvo como resultado la promulgación de la Declaración de Sentimientos y Resoluciones de Seneca Falls:
«La historia de la humanidad es la historia de las repetidas vejaciones y usurpaciones por parte del hombre con respecto a la mujer, y cuyo objetivo directo es el establecimiento de una tiranía absoluta sobre ella. (...)
La ha obligado a someterse a unas leyes en cuya elaboración no tiene voz. (...)
Si está casada, la ha dejado civilmente muerta ante la ley. La ha despojado de todo el derecho de propiedad, incluso sobre el jornal que ella misma gana.
Moralmente se ha convertido en un ser irresponsable. (...) En el contrato de matrimonio se le ha obligado a prometer obediencia al esposo, mientras que él se convierte, para todos los fines y propósitos en su amo –ya que la ley le da poder para privarla de libertad y para administrarla castigos. (...)
Al emprender la gran tarea que tenemos ante nosotras, anticipamos que no escasearán los conceptos erróneos, las malas interpretaciones y las ridiculizaciones, empero, a pesar de ello, estamos dispuestas a conseguir nuestro objetivo, valiéndonos de todos los medios a nuestro alcance. Vamos a utilizar agentes, vamos a hacer circular folletos, presentar peticiones a las cámaras legislativas del Estado y nacionales, y asimismo trataremos de llegar a los púlpitos y a la prensa para ponerlos de nuestra parte. Esperamos que esta Convención vaya seguida de otras convenciones en todo el país. (...)»
DECIDIMOS: Que todas aquellas leyes que impidan que la mujer ocupe en la sociedad la posición que su conciencia le dicte o que la sitúen en una posición inferior a la del hombre, son contrarias al gran precepto de la naturaleza y, por tanto, no tienen ni fuerza ni autoridad. (...)
DECIDIMOS: Que la mujer es igual al hombre -que así lo pretendió el Creador- y que por el bien de la raza humana exige que sea reconocida como tal.
DECIDIMOS: Que es deber de las mujeres de este país asegurarse el sagrado derecho a votar.»
La Convención de Seneca Falls fue imitada a lo largo y ancho de los Estados Unidos durante las décadas centrales del siglo XIX, sucediéndose las reuniones y mítines en los que cristalizaría en la constitución del movimiento sufragista, el gran protagonista de las movilizaciones feministas de la segunda mitad del siglo XIX y las dos primeras décadas del XX.
En los Estados Unidos, nacerían la Asociación Nacional Pro Sufragio de la Mujer (NWSA) , liderada por Susan B. Anthony y Elizabeth Candy Staton y Asociación Américana Pro Sufragio de la Mujer (AWSA) encabezada por Lucy Stone.
En el Reino Unido destacarán la Unión de Sociedades por el voto de las mujeres y la Unión Social y Política de las Mujeres (WSPU), de carácter mas radical y
encabezada por Emmeline Pankhurst (que aparece interpretada por Meryl Streep en la película que vimos en clase, Sufragistas). Entre las militantes de esta organización ha pasado a la historia el nombre de Emily Davison, la mujer que se sacrificó en el derby de 1913 para atraer la atención de la opinión pública hacia la causa sufragista. Este vídeo recoge el triste acontecimiento:
El alma del sufragismo residía en su lucha por la consecución del derecho al voto para las mujeres aunque no se limitó a dicha demanda. Conforme avanzó el siglo, las demandas relacionadas con cuestiones sociales y económicas fueron ganando peso.
En Estados Unidos, por ejemplo, la relación del sufragismo con el movimiento antiesclavista fue muy estrecha. Prueba de esto es la famosa intervención de Sojourner Truth, mujer nacida esclava, en una convención feminista celebrada en 1851:
"Mirad mi brazo. He trabajado la tierra, he sembrado, y he recogido la siembra en el granero, y ningún hombre me podía ganar ¿Y no soy mujer?
He parido trece hijos y he visto como a la mayoría los vendían como esclavos, y cuando lloré con la pena de una madre, ¿nadie me escuchó salvo Jesús! ¿Y no soy mujer?"
La relación entre feminismo y abolicionismo se percibe también en la propuesta de candidatura que el partido sufragista Equal Rights lanzó en las elecciones presidenciales de 1872 con la feminista Victoria Woodhull como candidata a la presidencia y el activista afroamericano Frederick Douglass como postulante a la vicepresidencia.
Manifestación sufragista
En cualquier caso, las fronteras entre sufragismo, democracia radical y utopismo socialista fueron siempre borrosas y en el ánimo de gran parte de las líderes sufragistas la lucha por los derechos de las mujeres trabajadoras, el acceso a la educación y la emancipación de las mujeres respecto al dominio de sus maridos tuvieron siempre el mismo rango de importancia que la conquista del derecho al voto.
La aparición del movimiento obrero y de sus dos poderosas ramas en el XIX, anarquismo y socialismo, trajo consigo el surgimiento de una corriente dentro del feminismo que consideraba secundaria la cuestión del sufragio y que planteaba que existían diferencias entre las mujeres de la clase obrera y las de la burguesía, por lo que sus reivindicaciones no podían ser las mismas ni tenia sentido que militaran en las mimas organizaciones. La fundadora del feminismo socialista fue la francesa Flora Tristán que editó un folleto llamado La Unión Obrera, años antes de que Marx y Engels publicaran el Manifiesto Comunista y en el que ya se asomaban ideas clásicas del socialismo como el internacionalismo.
Dentro del anarquismo destacarán Louise Michel y Emma Goldman. La primera fue una maestra que llegó a ser una de las principales figuras de la Comuna de Paris y cuya actividad política tiene un enorme valor al integrar feminismo, pacifismo, crítica al colonialismo y emancipación de la clase trabajadora en la misma lucha. Fue, en ese sentido, una precursora del siglo XX. Emma Goldman fue una judía lituana que desarrolló su activismo en Estados Unidos donde se convirtió en una celebridad y en una de las personas más odiadas por la élite empresarial que gobernaba el país.
La madurez del feminismo socialista llegó ya en el siglo XX con la creación de la Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas que fue una organización paralela a la II Internacional socialista. En su segundo congreso, celebrado en Copenhague en 1910, la Conferencia aprobó la reivindicación del sufragio universal unida a la necesidad de aprobar una legislación que protegiera a las mujeres y aglutinara ámbitos como la maternidad, el acceso a la educación, el derecho al aborto, la independencia económica y jurídica, etc. La idea de celebrar un Día Internacional de las Mujeres partió de ellas. Sus líderes fueron mujeres como Clara Zetkin y Alexandra Kollontai. Esta última fue la primera mujer en desempeñar un puesto de ministra en el gobierno de un estado: fue Comisaría del Pueblo para la Asistencia Pública en el primer gobierno bolchevique tras la Revolución Rusa.
Alexandra Kollontai
Con la sucesiva aprobación del sufragio femenino en la mayoría de los países occidentales y los avances en la igualdad legal, la conocida como la primera ola del feminismo fue cerrando el circulo iniciado por las revolucionarias del siglo XVIII. Quedarían pendientes muchas luchas que protagonizarían, ya entrado el siglo XX, la segunda oleada feminista.
En esta línea del tiempo podéis comprobar el año en que fue aprobado el sufragio femenino en los distintos países del mundo:
La actividad consiste en realizar una breve redacción sobre las reivindicaciones del movimiento feminista en los siglos XIX y XX utilizando tanto las situaciones reflejadas en el film Sufragistas como las ideas contenidas en los textos incluidos en la entrada.
Puedes confeccionar tu redacción contestando a las siguientes cuestiones:
La lucha por la igualdad política. ¿Cuándo nació el movimiento sufragista y por qué? ¿Fueron ignoradas las mujeres durante las revoluciones liberales? ¿Qué métodos utilizados por las sufragistas se aprecian en la película? ¿Cuál es la actitud del gobierno británico hacia el movimiento sufragista? ¿Coincide con el trato que la Convención jacobina otorgó a las Ciudadanas Republicanas Revolucionarias?
La lucha por la igualdad en el trabajo. ¿Cómo eran las condiciones de trabajo en la lavandería en la que trabaja la protagonista del film, Maud Watts? ( En esta escena, Maud acude al Parlamento británico para declarar en la Comisión en la que se debate la aprobación del voto femenino y relata ante los parlamentarios las durísimas condiciones de trabajo de las empleadas en lavanderías) ¿Consideras que es comparable al relato de Soujourner Truth?
La lucha por la igualdad en el seno de la familia. ¿Cuál es la actitud del marido de Maud respecto a las ideas y acciones de su mujer? Compárala con la del resto de los maridos ¿Por qué la declaración de Seneca Falls criticó el concepto de matrimonio de la época?
Conclusión. ¿Cómo valorarías a la película como fuente para conocer la historia del movimiento sufragista? ¿Crees que las feministas del pasado se sentirían satisfechas con lo conseguido hasta hoy o consideras que sus demandas siguen vigentes?
Elaboración de un periódico histórico. Recordad que las pautas son las siguientes: el grupo no debe exceder de cuatro personas; debéis incluir noticias de los tres temas sobre los que trata el trabajo (imperio de Napoléon. oleadas revolucionarias del 20, 30 y 48 y revolución liberal en España); hay que utilizar imágenes y en obligatorio recrear una entrevista a un personaje histórico del periodo.
Las noticias tienen que estar redactadas de manera muy clara, respondiendo siempre a las clásicas preguntas de ¿quién?, ¿por qué?, ¿cuándo?, ¿dónde?, etc., y encabezadas por un titular corto y llamativo del tipo de "¡Proclamada la constitución española en Cádiz!"o "Napoleón es derrotado en Waterloo"
La información la podéis obtener del libro de texto. Si queréis ampliar la información, podéis consultar las siguientes entradas del blog, pero tened en cuenta que están pensadas para bachillerato:
Entrada sobre la revolución francesa que contiene un punto sobre el gobierno de Napoleón Bonaparte.
Continuamos con la situación del aprendizaje dedicada a las Transformaciones ocurridas entre 1700 y 1848 que derribaron el Antiguo Régimen y dieron lugar a la civilización liberal y capitalista de los siglos XIX y XX. En el apartado dedicado a las transformaciones políticas estamos estudiando las revoluciones burguesas, entre las que destaca la Revolución Francesa.
Actividad 5. Explica los cambios sucedidos en Francia en 1789 a partir de las imágenes y de los textos. Para ello, puedes guiarte por las preguntas que se formulan abajo.
Imagen 1. Hay que esperar que el juego acabe pronto.
Imagen 2. El despertar del Tercer Estado.
Texto 1. Decreto de Abolición del sistema feudal. Agosto de 1789.
Art. 1º-. La Asamblea Nacional suprime en su totalidad el régimen feudal y decreta que los derechos y los deberes, tanto feudales como censitarios, los que hacen referencia a la (…) servidumbre personal (…) quedan abolidos sin indemnización (...).
Art. 4º -. Todas las justicias señoriales son abolidas sin ninguna indemnización.
Art 5º-. Los diezmos de cualquier tipo y los censos correspondientes, bajo cualquier denominación con la que se conozcan, quedan abolidos.
Art. 11º-. Todos los ciudadanos, sin distinción de nacimiento, pueden ser admitidos en todos los trabajos y dignidades eclesiásticas, civiles y militares, y ninguna profesión útil puede producir deshonra.
Texto 2. La Declaración de Derechos del Hombre y del Ciudadano. Agosto de 1789
"Los representantes del pueblo francés, constituidos en Asamblea Nacional, considerando que la ignorancia, el olvido o el desprecio de los derechos del hombre son las únicas causas de las desgracias públicas y de la corrupción de los gobiernos, han resuelto exponer, en una declaración solemne, los derechos naturales, inalienables y sagradas del hombre (...).
Artículo 1. Los hombres nacen y permanecen libres e iguales en derechos, las distinciones sociales no pueden fundarse más que sobre la utilidad común.
Artículo 2. El objeto de toda asociación política es la conservación de los derechos naturales e imprescriptibles del hombre. Estos derechos son la libertad, la propiedad, la seguridad y la resistencia a la opresión.
Artículo 3. El principio de toda soberanía reside esencialmente en la Nación. Ningún cuerpo ni individuo puede ejercer autoridad que no emane expresamente de ella."
Pautas para el comentario:
a) Realiza una breve introducción en la que definas el proceso histórico que vas a explicar.
b)Describe las escenas representadas en las ilustraciones (personajes, acción, etc.)
c) Explica cual es el contexto de ambas (características de la sociedad del Antiguo Régimen, situación de Francia en 1789, etc.)
c) Valora cual era la intención de sus autores (defensa o crítica de la sociedad del Antiguo Régimen)
d) Resume que acontecimiento sucedido en 1789 se puede explicar a partir de ambas ilustraciones.
e) Nombra que institución es la autora de los dos textos.
f) Explica que sistema económico y social elimina el primer texto.
g) Explica los principios políticos y sociales del liberalismo que se concretan en la Declaración de Derechos.
h) Diferencia entre los grupos sociales que salen beneficiados por ambos Decretos y los estamentos que fueron perjudicados.
i) Teniendo en cuenta todo lo anterior, resume cuales son los principales cambios ocurridos en Francia en 1789.
Actividad 6. Explica las etapas de la Revolución Francesa a partir de las imágenes y de los textos. Para ello, puedes guiarte por las preguntas que se formulan abajo:
Imagen 3. Asalto al Palacio de las Tullerías
Imagen 4. Ejecución de Luis XVI
Texto 3. Robespierre: Discurso sobre las Subsistencias y el Derecho a la Existencia. 1792
Los artículos que no son de primera necesidad pueden ser abandonados a las especulaciones de los comerciantes, pero la vida de los hombres no puede ser sometida a la misma suerte. El comerciante puede guardar las mercancías de lujo hasta que encuentre el momento de venderlas al precio más alto posible, pero no tiene derecho a amontonar trigo mientras sus semejantes se mueren de hambre.
De todos los derechos, el primero es el de existir. Por lo tanto, la primera ley social es aquella que garantiza a todos los miembros de la sociedad los medios para existir; todas las demás están subordinadas a ésta.”
Texto 4. Ley de Máximum de los precios. Gobierno revolucionario de los jacobinos. 1793
“Art.1. Los productos de primera necesidad y de los que se ha creído necesario fijar un precio son: la carne fresca, la mantequilla, el pescado salado, el pan, la cerveza, las velas, el azúcar, el aceite, el vino, la sal…etc.
Art.4. Todo el que compre o venda a un precio más alto del fijado pagará una multa del doble del valor fijado y será inscrito en la lista de personas sospechosas.”
Texto 5. Declaración de Derechos del Hombre de 1793
Artículo 18: Todo hombre puede comprometer sus servicios, su tiempo; pero no puede venderse, ni ser vendido; su persona no es una propiedad alienable. (...)
Artículo 21: (...) La sociedad debe asegurar la subsistencia de los ciudadanos desprotegidos, ya sea procurándoles un trabajo, ya sea asegurando los medios de existencia a los que no estén en condiciones de trabajar.
Artículo 22 La educación es necesidad de todos. La sociedad debe esforzarse al máximo para (...) poner la educación pública al alcance de todos los ciudadanos.
Pautas para el comentario:
a) Realiza una breve introducción en la que definas el proceso histórico que vas a explicar (la proclamación de la I República Francesa).
b)Describe la escena representadas en la imagen 3 (personajes, acción, acontecimiento que se representa, etc.)
c) Explica el contexto y las causas del acontecimiento sucedido en agosto de 1792 representado en la imagen 3.
d) Describe la escena representadas en la imagen 4 (personajes, acción, acontecimiento que se representa, etc.)
e) Lee atentamente los textos 3 y 4 y responde a las preguntas: ¿Qué debe prevalecer para Robespierre: la libertad de mercado o el derecho de todas las personas a acceder a los bienes más básicos como la comida o la vivienda? ¿Qué problema económico y social que existía en Francia desde los momentos anteriores a la revolución de 1789 intentaba solucionar la ley de maximum?
f) Lee atentamente el texto 5 y resume cuales son los principales derechos introducidos por los jacobinos en 1793.
g) Resume, atendiendo a los textos y a lo explicado en clase, las principales diferencias entre la monarquía parlamentaria nacida en verano de 1789 y la República jacobina de 1793.
Características de las colonias americanas antes de la guerra:
1. Eran 13 colonias situadas en el Este de los actuales USA.
2.
Entre 1700-1770 se produjo un gran crecimiento demográfico (de 200.000
habitantes se pasó a 2 millones) La mayoría de estas personas ya no estaban
vinculados a la metrópoli, Inglaterra.
Las Trece Colonias. Fuente: Wikipedia
Causas:
El aumento de impuestos en las colonias decretado por el gobierno británico. Por ejemplo, se aprueba la Stamp Act
(1765) que introduce un nuevo impuesto sobre el papel y las Townsend
Acts (1767), que gravan la importación de una serie de productos de la
metrópoli: vidrio, papel, te, etc. Además, las autoridades británicas prohibieron la apertura de nuevas fábricas en las colonias para favorecer las importaciones inglesas e impidieron su comercio con otros países.
La marginación de los colonos americanos que no cuentan con representación en el Parlamento británico.
La Llegada de las ideas de la Ilustración francesa que influyeron
poderosamente en los colonos (Igualdad Legal, división de poderes, etc.)
Proceso Revolucionario:
Se
trata de un doble proceso ya que la revolución Americana es, a la vez,
una revolución de Independencia frente y una Revolución Burguesa.
La cronología es la siguiente:
1773.
Motín del Té en Boston. Se trata de un motín contra los beneficios
aduaneros que Inglaterra concedió al té procedente de la India en
detrimento del americano.
1774 Los Delegados de las 13 colonias redactan una Declaración de Derechos y deciden suspender el comercio con Inglaterra.
1775-1783.
Se produce la Guerra de Independencia norteamericana. George
Washington, es elegido comandante de las milicias coloniales que tienen
en frente al ejército ingles. Los colonos tendrán el apoyo de Francia y España,
interesados en debilitar a Inglaterra, lo que les permitirá crear un
ejército.
1776. Se redacta la Declaración de Derechos de Virginia
1776. (4 de Julio) Es promulgada la Declaración de Independencia redactada por Thomas Jefferson.
1783. En la Paz de París, el Reino Unido reconoce la independencia de los Estados Unidos.
1787.
Aprobación de la Constitución de los USA. A partir de aquí, se
consolida un sistema político liberal que, en su esencia, ha permanecido
inalterable hasta hoy.
2) Sistema político
Características de la Constitución Americana:
1. Fuentes
de la Constitución: la Ilustración, de la que toman los principios
de división de poderes, igualdad legal, etc. y el parlamentarismo inglés.
2. Aspectos importantes:
-Se trata de una Constitución Presidencialista, federal y republicana.
-Contiene una Declaración de derechos Ciudadanos
-El
Poder Ejecutivo es detentado por el Presidente (que es, a la vez, Jefe
de Estado y Primer Ministro). Es elegido por cuatro años por Sufragio
Universal indirecto. Nombra al Gobierno (Secretarios).
-El
Poder Legislativo es detentado por un Congreso bicameral, compuesto por
el Senado, formado por 2 senadores por cada estado,
y la Cámara de Representantes, elegidos proporcionalmente en función de
la población de cada estado.
-El
Poder Judicial tiene como principal institución al Tribunal Supremo
compuesto por 9 miembros.
-Existe
un importante equilibrio de competencias entre la Unión (Defensa,
Moneda, Comercio Exterior, Relaciones Internacionales, etc.) y los
estados (Policía, Comunicaciones, Educación, Justicia, etc.)
-La Libertad religiosa se protege mediante la separación entre Iglesia y Estado.
El proceso histórico que denominamos “Revolución Burguesa” o “Revolución Liberal” comenzó en España durante la Guerra de Independencia, con la convocatoria de las Cortes de Cádiz y la redacción y proclamación de la Constitución de 1812. Sin embargo, tras el fin de la guerra, la Constitución fue derogada y el absolutismo y el feudalismo fueron restaurados, por lo que, exceptuando el breve periodo del Trienio Liberal, en España el Antiguo Régimen permanecía vigente en 1833, fecha en la que se produce el fallecimiento de Fernando VII.
Por lo tanto, no será hasta el reinado de Isabel II cuando se produzcan en España las transformaciones que permitan hablar de Revolución Burguesa o Liberal. Estas transformaciones se resumen en:
Políticas: Soberanía nacional, gobierno representatativo, parlamentarismo, elecciones libres, etc.
Económicas: Implantación del capitalismo como sistema económico, predominio de la propiedad privada, libertades de comercio, de fabricación, de contratación.. eliminación de los gremios, de los mayorazgos y señoríos y de la Mesta, etc.
Sociales: Igualdad ante la ley, fin de los privilegios y de los señoríos, etc.
Sin embargo, este proceso no fue en España resultado del triunfo en las calles de una revolución liberal liderada por las clases medias urbanas como en Francia u otros países europeos sino que fue consecuencia de un compromiso entre la Corona, las élites políticas, económicas y sociales del país. Además, estuvo caracterizado por la permanencia de muchas de las características del Antiguo Régimen.
El reinado de Isabel II, una niña de tres años cuando accedió al trono, no comenzó de manera fácil. En los últimos años de la vida de Fernando VII, en octubre de 1830, nació Isabel de Borbón, por lo que el rey aprobó la Pragmática Sanción que abolía la Ley Sálica de 1713 que excluía del trono a las mujeres. Carlos Mª Isidro, hermano del rey y hasta ese momento su sucesor, vio cerrado su camino al trono y no aceptó los derechos de su sobrina. Tras la muerte de Fernando VII, se produce el enfrentamiento entre los liberales, partidarios de Isabel y los absolutistas, partidarios de Carlos Mª Isidro y conocidos como los carlistas. Por lo tanto, con la Primera Guerra Carlista como trasfondo, se inicia el reinado de Isabel, cuya primera etapa está cubierta por la Regencia de su madre y esposa de Fernando VII, María Cristina de Borbón.
1. La Regencia de María Cristina
1.1 La Primera Guerra Carlista
Denominamos Carlismo al movimiento político que apoyó los derechos de Carlos Mª Isidro de Borbón al trono español, tras la muerte de su hermano Fernando VII, frente a la candidatura de su sobrina Isabel de Borbón. Su programa se resume en el lema “Dios, Patria, Fueros y Rey” y se compone de:
La defensa de la Monarquía Absoluta y del Antiguo Régimen.
El Tradicionalismo católico y la defensa de los intereses de la Iglesia: Los carlistas rechazaron la desamortización de los bienes eclesiásticos y la libertad de cultos.
La exigencia de la permanencia de los Fueros Vasco-Navarros (Leyes que establecían el autogobierno de esas provincias, un sistema de justicia y un régimen fiscal distintos de los del resto del país y la exención del reclutamiento de quintas para sus habitantes)
La oposición radical a las reformas liberales.
El Carlismo se expandió por el Norte peninsular, especialmente por las áreas rurales de País Vasco, Navarra o Cataluña, regiones en los que su discurso reivindicativo de los fueros y de las tradiciones encontró eco entre el Bajo Clero y la pequeña nobleza rural y en las que la propiedad de la tierra estaba más repartida que en el Sur o en Levante, por los que los Decretos de Abolición de los Señoríos apenas tuvieron eco entre el campesinado. Los focos del carlismo fueron, por tanto, el País Vasco y Navarra, el Maestrazgo (comarca comprendida entre Teruel, Castellón, Valencia y Cuenca) y el interior de Cataluña, quedando algunos puntos dispersos en otras zonas del país.
Las fases de la Primera Guerra Carlista fueron las siguientes:
1ª) Levantamiento inicial (1833): Tras el fallecimiento de Fernando VII, una Junta Carlista formada por partidarios del Infante D. Carlos organiza una rebelión que fracasa en Madrid pero triunfa en el País Vasco. Los carlistas comienzan a organizar partidas imitando a las guerrillas de la Guerra de Independencia.
2ª) Organización militar (1833-35): En Euskadi y Navarra se organiza un ejército carlista bajo la dirección del Coronel Tomás Zumalacárregui, que pronto controla todo el territorio menos las capitales, Bilbao y San Sebastián, que sitian. En Julio de 1834, Don Carlos se instala allí y el País Vasco se configura como el centro neurálgico del carlismo, incluso después de la muerte de Zumalacárregui en el sitio de Bilbao en Junio de 1835.
En el Maestrazgo, el Ejército cristino impide que las partidas carlistas bajo la dirección de Ramón Cabrera se unifiquen. Lo mismo ocurre en Cataluña y en Castilla, dónde las partidas carlistas son dirigidas por el Conde de España y el Cura Merino, respectivamente.
3ª) Expedicionaria (1836-7): Siguiendo un Plan del fallecido Zumalacárregui, los carlistas emprenden incursiones por el Norte y el Centro de la Península con el doble objetivo de aliviar la presión del ejército isabelino sobre sus líneas e intentar recabar el apoyo de la población de las zonas recorridas incorporando voluntarios a sus filas. Las expediciones se llevaron a cabo mediante pequeñas columnas de gran movilidad.
Las principales expediciones fueron las de Guergué (por el Pirineo catalán), Gómez (Asturias, Galicia, Castilla, Córdoba y Extremadura), Zairatiegui (Castilla) y la famosa Expedición Real, comandada por el propio Carlitos, que tras cruzar el Ebro, se dirigió a los alrededores de Madrid. Los éxitos del ejército cristino encabezado por el General Espartero, que despejó el sitio de Bilbao en Diciembre de 1836, acabaron con las expediciones.
4ª) División interna y desenlace (1838-1839): En Julio de 1838, Rafael Maroto, es nombrado Comandante Jefe del ejército carlista. A partir de aquí, con el apoyo de los elementos más moderados del carlismo, partidarios de un arreglo negociado con la Regente, llega a un acuerdo con los generales isabelinos. El acuerdo se cristalizó en el Convenio de Vergara, firmado en Agosto de 1839 y consagrado por el famoso Abrazo de Vergara entre Espartero y Maroto, consistente en la integración de los oficiales carlistas en el ejército isabelino a cambio del desarme y de la promesa de Espartero de recomendar a las Cortes que se mantuvieran los fueros vasco y navarro.
El Convenio no contó con el beneplácito del sector más ortodoxo del carlismo, los denominados “apostólicos” y Maroto tuvo que recurrir a la represión contra estos en las provincias vascas y Navarra para que lo acataran, llegando a fusilar a oficiales contrarios al acuerdo. El propio Infante no dio su beneplácito al mismo y, en el Maestrazgo, Ramón Cabrera continuó con la lucha, por lo que la guerra no acabó en esta zona hasta 1840. Morella (provincia de Castellón) fue el principal reducto de la resistencia carlista hasta que cayó en Mayo, por lo que el ejército de Cabrera se replegó a Cataluña, hasta que en Julio cruzó la frontera francesa, finalizando la guerra con la victoria del ejército cristino o isabelino.
El Abrazo de Vergara. Grabado de 1902
El coste humano de la guerra fue altísimo, ya que se produjeron entre 150.000 y 200.000 muertos, una cifra considerable si tenemos en cuenta que la población española era de 13 millones. La guerra implicó a gran parte de la población, llegando el ejército cristino, por ejemplo, a sumar 500.000 hombres, gracias al mecanismo de incorporación de las quintas.
Una de las claves del triunfo isabelino fue la ayuda militar facilitada por ingleses y franceses que, en 1834, firmaron la Cuádruple Alianza junto a España y a Portugal, un pacto de ayuda mutua contra las potencias absolutistas como Austria.
Isabel II y su esposo Francisco de Asís en 1865
1.2 Los Gobiernos durante la Regencia de Mª Cristina. El Estatuto Real y la Constitución de 1837
Durante la Regencia de María Cristina se produjo en España la liquidación del Antiguo Régimen y la construcción de un sistema político y económico liberal. Esto se debió más a una solución de compromiso que a una revolución burguesa ya que se produjo por un pacto entre las élites del Antiguo Régimen: la Corona necesitaba del apoyo de los liberales para vencer a los carlistas y mantener a Isabel II en el trono, mientras que los liberales conservadores rechazaban las experiencias revolucionarias tras el fracaso de las Cortes de Cádiz y del Trienio Liberal.
Doña María Cristina de Borbón-Dos Sicilias, reina de España
A) El Estatuto Real
María Cristina inició su Regencia, amnistiando a exiliados liberales y encomendando el Gobierno a los ministros de su marido más inclinados a las reformas como Cea Bermúdez o Javier de Burgos que, en 1833, llevó a cabo una reforma de la Administración de la que hemos heredado la actual división del territorio español en provincias y de éstas en partidos judiciales. Sin embargo, la amenaza de los carlistas evidenció que sólo un acuerdo con los liberales podría mantener a ella y a su hija en el trono. Así que llamó a Martínez de la Rosa, un liberal moderado, para que formara un gobierno que hiciera frente a la insurrección carlista e integrara a los liberales más conservadores en el sistema sin alterar los poderes de la Corona.
Martínez de la Rosa emprendió una serie de reformas políticas y económicas moderadas. Entre ellas destacó la elaboración del Estatuto Real en 1834. Se trata de una carta otorgada (llamamos carta otorgada al documento que, al contrario que una Constitución que es elaborada por un parlamento representativo, es redactado por un Rey y aprobado por él) concedida por la voluntad de la Regente, en la que se establecen algunas reformas del sistema político:
Soberanía compartida entre el Rey y las Cortes
La Corona se reserva el poder ejecutivo y la iniciativa legislativa, podía convocar y suspender Cortes cuando quisiera y cualquier ley, además de la aprobación de las Cámaras, necesitaba el consentimiento del rey (derecho de veto).
Cortes bicamerales formadas por la Cámara de Próceres, constituida por los Grandes de España y otros designados de forma vitalicia por el monarca, y la Cámara de Procuradores, elegida mediante sufragio.
Sufragio censitario muy restringido. Solo los varones de más de treinta años que poseyeran una renta superior a doce mil reales anuales tenían derecho de voto.
Evidentemente, la elaboración del Estatuto Real no consiguió integrar a todos los liberales en el sistema político, especialmente a los más avanzados, ya que no recogía la soberanía nacional, una división de poderes efectiva e impedía la participación de las clases medias. La insuficiencia de las reformas de Martínez de la Rosa, en un contexto de guerra civil contra los carlistas, llevó a que los liberales terminaran por escindirse en dos grupos, división ya iniciada en el Trienio Liberal:
Moderados, antiguos doceañistas y partidarios de un liberalismo más conservador
Progresistas, antiguos exaltados
La presión de los carlistas en el Norte y la incapacidad del gobierno de Martínez de la Rosa para frenarlos provocó que, en el verano de 1835, sucedieran revueltas en las principales ciudades españolas que en las que se produjeron asaltos a conventos e, incluso, asesinatos de frailes, motivados por el odio popular a las órdenes religiosas por su apoyo a los carlistas. La regente María Cristina, desbordada por la situación, tuvo que llamar en septiembre de 1835 a un destacado dirigente progresista para que formara gobierno. Se trataba de Juan Álvarez Mendizábal, el hombre que encabezó la definitiva transformación de España en una estado liberal con un sistema económico capitalista.
Retrato de Mendizábal
B) Los gobiernos de Mendizábal.
Mendizábal protagonizó la política española entre 1835 y 1837 como presidente del gobierno o como Ministro de Hacienda o de Estado. Su objetivo era restablecer la obra de las Cortes de Cádiz, algo que ya había sido intentado durante el Trienio Liberal sin éxito. Mendizábal, en cambio, si consiguió llevar a cabo las reformas necesarias para construir el estado liberal y el sistema económico capitalista. Las principales líneas del gobierno de su gobierno fueron:
Sanear la Hacienda aumentando los ingresos fiscales, vendiendo bienes, reduciendo gastos y renegociando prestamos
La Desamortización de los bienes de la Iglesia (Conventos, congregaciones, bienes clero secular…) y la prohibición del cobro de tributos a la Iglesia (el Diezmo). La Desamortización tenía un triple objetivo: Recaudar dinero para sanear las cuentas del estado y financiar la guerra contra los carlistas; socavar el poder económico del clero; crear una clase de campesinos acomodados que apoyaran el régimen liberal. Los dos primeros se consiguieron relativamente mientras que el tercero no se cumplió. Es más, la principal beneficiaria fue la Nobleza que acaparó la compra de tierras, lo que explica también su aceptación del liberalismo en su versión moderada.
El reforzamiento del Ejército impulsando el reclutamiento de quintas para acabar con la guerra carlista.
La reconstrucción de la obra emprendida por las Cortes de Cádiz y el Trienio Liberal.
Mendizábal dimitió como Presidente del Gobierno en Mayo de 1836 por sus desavenencias con la Regente. Sin embargo, en agosto volvió al gobierno tras el estallido de la "Sargentada de la Granja", un pronunciamiento de los sargentos de la Guardia Real, apoyado por el partido progresista, que fue secundado en numerosas ciudades y que obligó a la Reina Regente, que descansaba en el palacio de la Granja (Segovia), a suspender el Estatuto Real y proclamar la Constitución de 1812. María Cristina tuvo que aceptar que los militares se inmiscuyeran en los asuntos políticos y llamar a los progresistas de nuevo para que formaran gobierno. Una vez en el gobierno, con José María Calatrava como presidente y Mendizábal como Ministro de Hacienda, iniciaron un proceso de reforma de la Constitución de Cádiz, buscando el compromiso con los moderados mediante una serie de concesiones. El resultado fue la aprobación por las Cortes de la Constitución de 1837 que presentó los siguientes rasgos:
Es una Constitución de equilibrio entre las diversas tendencias del liberalismo español.
Reconocimiento del principio de la soberanía nacional.
División de poderes.
El Rey detenta el poder ejecutivo y cuenta con la iniciativa legislativa. Posee, además, derecho de veto ilimitado. El rey designa a los senadores y nombra a los ministros, que deben ser aceptados por las Cortes. En caso de desacuerdo, el rey podía optar por la disolución de las Cortes.
Cortes bicamerales: Congreso de los Diputados y Senado. Todas las leyes deben ser aprobadas por ambas cámaras. El Congreso es enteramente electivo. El Senado es nombrado por el rey, tras elección de una terna por el cuerpo electoral.
Los Ayuntamientos son elegidos por los vecinos.
Declaración de derechos del Hombre y Ciudadano. Se recogían diferentes derechos individuales como la libertad de imprenta.
Combina la Confesionalidad católica con la tolerancia hacia otras religiones. El Estado se comprometía a subvencionar al clero expropiado con las desamortizaciones.
En 1837, fuera de la Constitución que no determinaba el tipo de sufragio, se aprobó una ley electoral que estableció el voto censitario masculino. Tenían derecho de voto los mayores contribuyentes (a través de una cuota impositiva mínima directa) y personas con un determinado nivel intelectual: miembros de las Reales Academias, profesores de la enseñanza pública, doctores, licenciados, curas párrocos. En total, participan unos 240.000 varones de más de 25 años, el 2,2% de la población.
El gobierno de Calatrava y Mendizábal llevó a cabo, además, otras reformas significativas que supusieron la consolidación definitiva del liberalismo en España y la eliminación del feudalismo. Por ejemplo, acometieron la abolición definitiva de los señoríos, los diezmos o los mayorazgos y la supresión de los gremios.
c) El "Trienio Moderado"
A partir de 1838, se suceden varios gobiernos formados por los liberales moderados que inician reformas, como la de la Instrucción Primaria o la Ley de Minas de 1839, que liberalizó las minas, hasta entonces monopolio real. Sin embargo, las notas más características del periodo son el avance del Ejército contra los carlistas que fueron derrotados en 1840 y la inestabilidad de los partidos políticos. Esto favoreció la pujanza de los militares que, como el moderado Narváez o el progresista Espartero, pasarán a protagonizar la política española.
2. La Regencia de Espartero (1840-1843)
A partir de la promulgación de la Constitución de 1837,se suceden gobiernos de signo moderado, ya que estos vencen en las elecciones; por tanto, los progresistas quedan marginados del poder. En 1840 el gobierno moderado, con la aquiescencia de Mª Cristina, promulgó una Ley Municipal que facultaba a la Corona a nombrar los alcaldes de capitales de provincias y a los Gobernadores Civiles. El objetivo era eliminar el poder del partido progresista en las ciudades. La Ley provocó levantamientos en las ciudades dominadas por los progresistas, comenzando por Barcelona, mediante la creación de juntas revolucionarias apoyadas por la Milicia Nacional y los ayuntamientos progresistas. Estos hechos culminan con la dimisión de Mª Cristina en septiembre, por lo que el general Espartero pasa a ocupar la Regencia, tras una votación de las Cortes, al ser una figura de prestigio, gracias a sus éxitos contra los carlistas y a su afinidad con el partido progresista.
El periodo de la nueva Regencia siguió a grandes rasgos la línea progresista de desmantelamiento del régimen señorial y desamortización eclesiástica, con una nueva desamortización que afectaba a los bienes del clero secular o parroquial. Además, se aceleró la desamortización de los bienes eclesiásticos y se recortaron los fueros vasco-navarros.
Espartero
Pero la oposición de los moderados, estimulados desde el exilio en París por Mª Cristina y las divisiones dentro de los progresistas por el desencanto que generó el estilo autoritario y personalista de gobernar de Espartero convirtieron muy pronto al general en un gobernante impopular.
La sublevación de Barcelona sería la chispa que provocaría la consolidación de un amplio movimiento en contra del general. Éste, en 1841, firmó un acuerdo comercial con Inglaterra que permitía la importación de tejidos confeccionados con algodón. El acuerdo perjudicaba claramente los intereses de la naciente industria textil catalana y engendró grandes protestas en Barcelona que fueron duramente reprimidas. El bombardeo de la ciudad, en diciembre de 1842, llevó a que Espartero perdiera toda su popularidad, incluso entre los propios progresistas.
Finalmente, una sublevación militar organizada por los moderados y encabezada por los generales Narváez y O´Donell, a la que se unieron algunos progresistas,como Prim, precipitó el fin de la Regencia de Espartero, que presentó su dimisión. Para no tener que nombrar un tercer regente, las Cortes tomaron la decisión de avanzar la mayoría de edad de Isabel II y proclamarla reina.
3. La Década Moderada (1844-1854)
Tras acceder al trono al adelantarse su mayoría de edad en noviembre de 1843, Isabel II mostró desde un principio su preferencia por los moderados. Se abría así un largo período de predominio del partido moderado, heredero de los antiguos doceañistas del Trienio, que plantearon un programa político más conservador que el que se había intentado implantar en 1812 y 1820. Los principales rasgos del régimen moderado fueron:
El pacto entre las élites (la antigua nobleza y la alta burguesía) y la marginación de las clases medias y de las clases trabajadoras. Estas élites basaron su poder en el dominio sobre la propiedad de la tierra, creando una clase de grandes terratenientes agrarios que impusieron una política económica claramente favorable a sus intereses.
La consolidación de un régimen liberal compuesto por gobiernos elegidos, división de poderes, libertades individuales, constitucionalismo...pero que solo existía en apariencia. En realidad, el sistema era muy autoritario y la Corona y el gobierno gozaban de un amplio poder y apenas eran controlados. En este sentido, destaca el papel del general Narváez, que fue el político moderado más destacado del periodo.
Surgieron, además, las camarillas, grupos de presión formados por personajes cercanos a la familia real y que gozaron de gran influencia, viciando y corrompiendo el sistema.
La manipulación y el fraude electoral degradaron definitivamente el sistema y dejaron a la oposición en la más absoluta marginación política.Los progresistas optaron por el retraimiento, negándose a participar en unas consultas electorales claramente amañadas, o por la preparación de pronunciamientos apoyados por insurrecciones populares.
Narváez
En mayo de 1844 se formó un gabinete presidido por Narváez, la gran figura de los moderados que representa a una tendencia partidaria de hacer una nueva constitución, a medio camino entre las Constituciones de 1812 y 1837 y el Estatuto Real de 1834. El autoritarismo fue una de las principales características del régimen de Narváez. Su figura representa como ninguna al protagonismo político que tuvieron los militares durante el reinado de Isabel II.
La Constitución de 1845:
De carácter moderado, se diferencia de la de 1837 en una serie de aspectos esenciales:
Soberanía compartida del Rey y las Cortes. Esto significa que el poder legislativo será compartido por ambas instituciones, por lo que la Corona, que además controla el poder ejecutivo, tendrá una clara preeminencia sobre las Cortes. La convocatoria de Cortes corresponde al monarca.
El Senado pierde carácter electivo, pasando a estar nombrado por la Corona.
Confesionalidad del Estado: “La religión de la nación española es la religión católica”.
Recorte de los derechos individuales, especialmente las libertades de expresión y reunión.
Un conjunto de leyes y reformas completaron el proceso de formación del Estado liberal en España que, durante el periodo 1844-1868, institucionalizó un régimen liberal moderado al servicio de la nueva clase social dominante: la burguesía terrateniente.
Las reformas moderadas:
Ley Electoral de 1846 que configura un verdadero régimen oligárquico. Se estableció un sufragio muy restringido que limitó el cuerpo electoral a 97.000 varones mayores de más de 25 años, lo que suponía el 0.8% del total de la población.
Ley de Ayuntamientos de 1845, que reforzaba el centralismo, reservando al gobierno el nombramiento de los alcaldes de municipios de 2.000 o más habitantes y de las capitales, siendo el resto nombrados por el Gobernador. En 1849, se crean las Diputaciones Provinciales.
Creación en 1844 de la Guardia Civil, fuerza armada, de estructura militar, encargada de aplicar el orden esencialmente en el medio rural. Como medida complementaria se suprimió la Milicia Nacional.
Aprobación del Código Penal en 1848 y del Código Civil en 1851.
Concordato de 1851. Acuerdo con la Santa Sede por el que el Papa reconoció a Isabel II como reina y aceptó la pérdida de los bienes eclesiásticos ya desamortizados. A cambio, el estado español se comprometió a subvencionar a la Iglesia y a entregarle el control de la enseñanza y la censura.
Ley de Enseñanza de 1845. Reforma de la educación: creación de universidades, nuevas especialidades.
Ley de Hacienda de 1845 de 1845, elaborada por el Ministro de Hacienda Alejandro Mon: Con el objetivo de reducir el déficit público, se estableció un nuevo sistema fiscal más racional, eficaz y moderno, que puso fin al enrevesado sistema impositivo del Antiguo Régimen y estableció impuestos para todos: impuestos directos como la Contribución sobre bienes inmuebles, cultivo y ganadería y el Subsidio Industrial y Comercial e impuestos indirectos o como el Impuesto sobre el Consumo, los conocidos como "consumos" que encarecían los productos de consumo diario.
Leyes arancelarias proteccionistas de 1849 que debían favorecer los intereses de los terratenientes agrícolas y del empresarial textil catalán.
La Oposición:
Está encabezada por el partido Progresista, cuyos principales dirigentes fueron Espartero, Mendizábal, Madoz y Prim. A lo largo del reinado de Isabel II solo estuvieron en el poder durante breves períodos entre los años 1835 y 1844 y 1854-56 (Bienio progresista). La mejor concreción de su programa fue la Constitución de 1837. Hacia 1849 sufrieron una escisión por su izquierda, naciendo el Partido Demócrata que defendían el sufragio universal, la asistencia social estatal y una amplia libertad de asociación.
4. El Bienio Progresista (1854-1856)
La caída de los moderados: A lo largo de la década moderada se desarrolló una política económica claramente favorable a los sectores agrarios terratenientes. Políticamente, los amplios poderes otorgados a la Corona y al poder ejecutivo propiciaron la formación de importantes grupos de presión, las camarillas, que acaparaban y se disputaban el poder al margen de la organización parlamentaria, lo que vició y corrompió el sistema. La manipulación y el control electoral degradaron definitivamente el sistema y dejaron a la oposición en la más absoluta marginación política.
El pronunciamiento de 1854 tuvo como principales causas:
La unión de los progresistas y de un sector de los moderados (los denominados puritanos, el ala más centrista del partido moderado, encabezada por los militares Serrano y O´Donnell) contra el proyecto de reforma constitucional de Bravo Murillo en 1852 que pretendía fortalecer más los poderes del ejecutivo en detrimento del Parlamento. El proyecto fracasó, culminando con la dimisión de Bravo Murillo.
La crisis de los ferrocarriles que estalló cuando las Cortes rechazaron un proyecto de ley sobre concesiones ferroviarias. Sartorius, que encabezaba el Gobierno entonces, reaccionó disolviendo las Cortes. El proyecto era un ejemplo de la corrupción imperante en la época y dirigida por la camarilla, especialmente por la María Cristina de Borbón, la Reina-madre, y su marido, aliados a políticos como Sartorius, empresarios especuladores como el Marqués de Salamanca y al propio Narváez.
La férrea censura implantada por el gobierno de la prensa para impedir que se denunciara la corrupción de la camarilla o se utilizara la vida íntima de la reina como argumento de protesta frente al régimen.
La subida de los precios del grano que produjo la típica crisis de subsistencias.
La corrupción, por tanto, empujó a gran parte de los moderados a buscar una alianza con sus adversarios progresistas. Estos, por su parte, intentaron movilizar a las clases trabajadoras urbanas perjudicadas por la subida de precios. Finalmente, el descontento generalizado dio lugar, en 1854, al movimiento conocido como la Vicalvarada.
Urrabieta. Barricada en la calle Montera de Madrid
Iniciado por el general O'Donnell en Vicálvaro, el golpe militar se radicalizó tras la publicación por los rebeldes del denominado Manifiesto de Manzanares, cuya intención era atraerse a los progresistas al movimiento. Dicho manifiesto, redactado por Cánovas del Castillo, incluía importantes puntos del programa progresista (autonomía municipal, Milicia Nacional, nueva ley electoral y de imprenta), lo que hizo que consiguiera un amplio respaldo popular (como muestra la formación de Juntas en Madrid, Barcelona, Valladolid o Valencia) y animó a otros generales a unirse a la rebelión. Finalmente el golpe triunfó y propició la formación de un gobierno presidido por el progresista Espartero. La otra gran figura del gobierno, el general O'Donnell creó un nuevo partido, la Unión Liberal, que trató de cubrir un espacio de centro entre moderados y progresistas, aunque gobernó junto a estos en el inicio del bienio.
La principal tarea que van a llevar a cabo los progresistas es retomar la tarea de desmantelamiento del Antiguo Régimen, y la profundización del régimen liberal. El Gobierno progresista restaura la constitución de 1837, aunque ampliando el voto. Unas nuevas Cortes Constituyentes iniciaron la elaboración de una nueva constitución más progresista que no llegó a aplicarse nunca: la constitución “no nata” de 1856.
Pero será en el terreno económico donde los progresistas llevan a cabo la tarea más importante:
La desamortización general de mayo de 1855, efectuada mediante una ley elaborada por el ministro Pascual Madoz culminó el proceso desamortizador, y afectó esencialmente a las tierras de los municipios ( bienes de propios y comunes), aunque también a la Iglesia y a instituciones benéficas. Aumentó los ingresos obtenidos por la desamortización anterior pero tuvo una grave consecuencia para el campesinado, especialmente al del sur del país, al privarle del uso de las tierras comunales.
La Ley General de Ferrocarriles (junio de 1855) de enorme importancia en la modernización económica del país.
Leyes de Banca y de Sociedades de Crédito, intento de implantar en España una banca moderna.
El Bienio fracasó, como ya había ocurrido en 1840, por su incapacidad para mantener el apoyo popular. Los movimientos populares que apoyaron la sublevación de 1854 reclamaban la abolición de los Consumos y de las Quintas y la solución al grave problema de carestía que sufrían las clases trabajadoras. Sin embargo, los gobiernos progresistas no atendieron ninguna de estas reclamaciones. Esto generó conflictos sociales de importancia (en 1855 se produce la primera Huelga General en la historia de España). A las protestas sociales se unieron el levantamiento de los carlistas y la división entre progresistas y unionistas, creando una situación conflictiva. O´Donnell accedió a la Presidencia del Gobierno, decretó la disolución de la Milicia Nacional (lo que privaba a los progresistas de su fuerza militar) y restableció la constitución de 1845.
5. La vuelta de los Moderados y el final del reinado isabelino (1856-1868)
La agitación social creciente provocó la ruptura entre Espartero y O'Donnell. Nombrado el líder de la Unión Liberal presidente del gobierno en julio de 1856, se inició un proceso de revisión de la labor del bienio que finalmente trajo la vuelta de Narváez y los moderados al poder en octubre de 1856. Se volvía así al régimen moderado de la Constitución de 1845. El periodo comprendido entre 1856 y 1868 fue de alternancia en el poder entre la Unión Liberal y el Partido Moderado.
Etapas:
1856-1858. Se produce el retorno de los moderados al poder.
1858-1863. La Unión Liberal de O’Donnell. A grandes rasgos, podemos decir que entre 1858 y 1863, etapa de gobierno unionista, hubo una relativa estabilidad política, con intervención de los moderados, de la Unión Liberal y de los progresistas en el gobierno, quedando al margen carlistas y demócratas. Los carlistas provocan un movimiento en 1860 con un desembarco en San Carlos de la Rápita que fracasa. También se producen revueltas campesinas (como la de Loja en 1861) que tenían como trasfondo las quejas por el injusto reparto de la tierra producido durante las desamortizaciones, el sistema de quintas y los consumos.
1863-1868. La vuelta de Narváez al poder en 1863, y con él del autoritarismo, agudizó la crisis del sistema: en los últimos años se rompe el consenso ya que la marginación de los progresistas fue mayor: Progresistas y demócratas recurren a los pronunciamientos, cuyo fracaso conduce a los líderes progresistas al exilio. Los intentos de insurrección como el motín de los sargentos del cuartel de San Gil en Madrid en 1866 o las protestas estudiantiles de 1865 en “La noche de San Daniel", fueron duramente reprimidos. El creciente autoritarismo del anciano Narváez llevó a la formación del Pacto de Ostende en 1866: unionistas, progresistas y republicanos se aliaron para derribar a Isabel II y el régimen moderado.
Economía:
1856-1864: etapa de crecimiento económico ("boom" de los ferrocarriles)
1866-1868: etapa de crisis económica:
crisis de subsistencia: crisis agraria en los años 1867-68 que agravó el desolador panorama de estos años. El precio del trigo aumentó en Madrid entre 1866 y 1868 un 100%
crisis financiera: provocada por la evidencia de que las inversiones ferroviarias no eran rentables, por lo que los valores de las acciones ferroviarias en la bolsa bajaron estrepitosamente. Pero el crac bursátil, no fue solo ferroviario, ya que arrastró a otros valores como el de la deuda pública y la cotización del banco de España también se hundió. La consecuencia fue que se paralizó la construcción de la red ferroviaria y la quiebra de la mitad de los bancos.
Obra política:
1857. Ley Moyano de Instrucción Pública. Es lo más destacado del periodo, ya que es la ley educativa que estará vigente hasta la II República. Merece destacar que se continuó con las Desamortizaciones.
La política exterior:
Durante este último periodo del reinado de Isabel II se va llevar a cabo una política de prestigio (guerra de Marruecos (1859-1860), intento fallido de recuperar Santo Domingo, expedición a México, guerra contra Perú y Chile...), de exaltación nacionalista que en realidad no consigue el prestigio buscado, si comparamos lo conseguido por España con la expansión de otros países. Esta amplia actividad bélica apenas dio ningún resultado práctico para el país. Algunos ejemplos son:
Sans y Cabot. El General Prim en la Guerra de África
México: 1861-1862: El Gobierno de Juárez decide cancelar el pago de la deuda externa. España invade México en colaboración de Gran Bretaña y Francia (que tenía sus propios planes: la coronación de Maximiliano de Habsburgo como Emperador de México) En 1862, el general Prim firma con Juárez la Convención de Soledad y España se retira de México.
África: Desde 1844 se habían producido ataques marroquíes a las posiciones españolas en torno a Ceuta y Melilla. En 1859 se declara la guerra a Marruecos y tras la derrota marroquí de Wad-Ras (1860) y la firma del tratado de Tetuán, se amplían posiciones en Ceuta, se obtiene Ifni y se impone una multa al sultán de Marruecos de 400.000 reales. Consiguieron más territorios Francia y Gran Bretaña en este conflicto que España.
La Cochinchina (1857-1863): Con el pretexto de vengar las matanza de misioneros, se produjo esta intervención de apoyo a Francia, que obtiene concesiones territoriales (base de la futura Indochina francesa). España obtiene, a cambio, la garantía de libertad religiosa, una indemnización y ventajas comerciales.
6. Conclusión
En definitiva, la principal característica del reinado de Isabel II en España fue la implantación de un sistema liberal en lo político y capitalista en lo económico en el que permanecían vigentes algunas de las más importantes señas de identidad del Antiguo Régimen:
En el ámbito político esto se traduce en que el liberalismo español tuvo un sello más autoritario que el europeo. Premisas fundamentales del liberalismo como la soberanía nacional se matizaron en España mediante el concepto de soberanía compartida entre el Rey y las Cortes. Otras directamente se pervirtieron: las elecciones fueron permanentemente falseadas, los militares intervinieron directamente en política derribando e instalando gobiernos, los partidos políticos fueron débiles, etc.
A pesar de ello, el reinado de Isabel II, que duró 35 años, tuvo un claro dominador en el partido moderado, representante del pacto al que nos referíamos y del liberalismo conservador. Junto a los gobiernos moderados, destaca el importante papel político que se reserva la Corona, que quedó asociada ideológicamente a los moderados. A la Reina la rodeó un grupo muy influyente formado por familiares, consejeros, amigos, etc., conocido como la camarilla, cuyo poder, en muchas ocasiones, fue superior al de las instituciones y que protagonizó numerosos episodios de corrupción.
Este pacto fue contestado, por la izquierda, por los liberales más avanzados (progresistas, primero, demócratas y republicanos, después) y por la derecha, por los nostálgicos del Antiguo Régimen (los carlistas). La oposición simultánea de ambos grupos generó la enorme inestabilidad política del periodo con cambios continuos de gobiernos y de constituciones.
Socialmente, en España, esta revolución no tuvo nunca la profundidad que tuvo en Inglaterra o, sobre todo, en Francia, ya que permanecieron muchas de los rasgos del Antiguo Régimen como la posesión de la tierra por la nobleza o el control de la educación por la Iglesia. El pacto fue aceptado por la nobleza (que conservó el dominio sobre la propiedad de la tierra, como ya hemos dicho), bendecido por la jerarquía eclesiástica y apoyado por la burguesía, sobre todo por la vinculada a la administración del estado o la carrera militar.
El reparto del poder perjudicó a las clases medias urbanas y a los campesinos. A las primeras porque los marginó del sistema político mediante una ley electoral enormemente restrictiva y también porque se fomentó un tipo de crecimiento económico basado en la especulación del que no se beneficiaron; a los segundos porque, además de políticamente, se les apartó del acceso a la propiedad de la tierra.
La exclusión del pueblo (clases medias trabajadoras y clases medias urbanas) y la corrupción del sistema, personificada en la camarilla que rodeaba a Isabel II, explican que todo desembocara en el estallido de la Revolución democrática de 1868.